sábado, 29 de agosto de 2009
Clínica de los Sistemas
Intervenciones en Salud, Justicia y Educación
Buenos Aires, 1 al 3 de O ctubre de 2 0 0 9 Sede: Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales - Paraguay 1338/1457- C.A. B.A
Asociación de Psicoterapia Sistémica de Buenos Aires
Av. Pueyrredón 1051 3º D – C.A. B. ATel/ Fax 54 (11) 4963-4768
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www.asociacionsistemica.com.ar
Mesas Plenarias
1) Jueves 1-10-2009, 9 a 10,15 hs. Mesa de Apertura
· Ruth Casabianca (Instituto de la Familia y Terapias Breves, Santa Fé)
· Carlos Romano ( juez del Tribunal de Familia. No 1 de Moron),
· Claudio Des Champs (Revista Perspectivas Sistemicas)
· Martín Wainstein (Fundación Instituto Gregory Bateson).
2) Jueves de 10,45 a 12 hs. "Psicoterapia y sistemas de salud".
· Hugo Hirsh (Centro Privado de Psicoterapias)
· Hector Fernandez Alvarez (Fundacion Aigle)
3) Viernes 2-10-2009, 9 a 10,15 hs. "Aportes sistemicos a la psicologia de la salud".
· Marcos Berstein (Asesor de las Naciones Unidas para la Organización Mundial de la Salud, en las Áreas de Terapia Familiar y Psicología Social).
· Jorge Fernandez Moya (Centro Privado de Psicoterapias, Mendoza).
· Cecilia Jara (Instituto Chileno de Terapia Familiar).
· Monica Burstein. (Premio Nacional Investigación 2008, Instituto Universitario ISalud) Coordinadora.
4) Viernes de 10,45 a 12 hs. "Intervenciones sistemicas en trayectos educativos".
· Cristina Erausquin, (Directora del Proyecto UBACyT 2008-2010 sobre “Los psicologos y la fragmentacion de la experiencia educativa”)
· Silvia Baeza (Directora de la Maestría en Familia. Facultad de Psicología y Psicopedagogía, Universidad del Salvador).
· Isabel Boschi (Fundacion Isabel Boschi)
· Noemi Drazer. (Centro Interdisciplinario de Terapias Breves) Coordinadora y expositora.
5) Sabado 3-10-2009, 14,30 a 16 hs. "Intervenciones sistemicas en el ambito juridico".
· Hugo Leonardo Torino (Juez de Primera instancia con competencia en asuntos de familia. Mendoza).
· Silvia Crescini (Coordinadora Docente de la Práctica Profesional “El trabajo con familias en el ámbito jurídico”, Psicologia, UBA)
· Ana Maria Arias (Medica Psiquiatra Forense de la Justicia Nacional).
· Susana Caccaibue (Trabajadora Social Juzgado especializado en asuntos de familia, CABA). Coordinadora
6) Sabado de 16,30 a 18 Mesa de Cierre
· Marcelo Rodriguez Ceberio (Escuela Sistemica Argentina)
· Rosina Crispo (Fundación para el Desarrollo de Jovenes y Adolescentes La Casita)
· Hector Pablo Label. (Presidente de Asiba).
AsibaAsoc. de Psicoterapia Sistémicade Buenos Aires Av. Pueyrredón 1051 3º DCiudad Autónoma de Buenos AiresTel. 114963 -4768www.asociacionsistemica.com.ar
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1) Jueves 1-10-2009, 9 a 10,15 hs. Mesa de Apertura
· Ruth Casabianca (Instituto de la Familia y Terapias Breves, Santa Fé)
· Carlos Romano ( juez del Tribunal de Familia. No 1 de Moron),
· Claudio Des Champs (Revista Perspectivas Sistemicas)
· Martín Wainstein (Fundación Instituto Gregory Bateson).
2) Jueves de 10,45 a 12 hs. "Psicoterapia y sistemas de salud".
· Hugo Hirsh (Centro Privado de Psicoterapias)
· Hector Fernandez Alvarez (Fundacion Aigle)
3) Viernes 2-10-2009, 9 a 10,15 hs. "Aportes sistemicos a la psicologia de la salud".
· Marcos Berstein (Asesor de las Naciones Unidas para la Organización Mundial de la Salud, en las Áreas de Terapia Familiar y Psicología Social).
· Jorge Fernandez Moya (Centro Privado de Psicoterapias, Mendoza).
· Cecilia Jara (Instituto Chileno de Terapia Familiar).
· Monica Burstein. (Premio Nacional Investigación 2008, Instituto Universitario ISalud) Coordinadora.
4) Viernes de 10,45 a 12 hs. "Intervenciones sistemicas en trayectos educativos".
· Cristina Erausquin, (Directora del Proyecto UBACyT 2008-2010 sobre “Los psicologos y la fragmentacion de la experiencia educativa”)
· Silvia Baeza (Directora de la Maestría en Familia. Facultad de Psicología y Psicopedagogía, Universidad del Salvador).
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· Noemi Drazer. (Centro Interdisciplinario de Terapias Breves) Coordinadora y expositora.
5) Sabado 3-10-2009, 14,30 a 16 hs. "Intervenciones sistemicas en el ambito juridico".
· Hugo Leonardo Torino (Juez de Primera instancia con competencia en asuntos de familia. Mendoza).
· Silvia Crescini (Coordinadora Docente de la Práctica Profesional “El trabajo con familias en el ámbito jurídico”, Psicologia, UBA)
· Ana Maria Arias (Medica Psiquiatra Forense de la Justicia Nacional).
· Susana Caccaibue (Trabajadora Social Juzgado especializado en asuntos de familia, CABA). Coordinadora
6) Sabado de 16,30 a 18 Mesa de Cierre
· Marcelo Rodriguez Ceberio (Escuela Sistemica Argentina)
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· Hector Pablo Label. (Presidente de Asiba).
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De la delegación a la reinvolucración familiar en un proceso de rehabilitación en drogodependencia ambulatorio de jóvenes adolescentes por M. Choclin

Artículo publicado en Sistemas Familiares año 2008
por Marcelo Raul Choclin(**)
El amor no es un fenómeno biológico raro ni especial, es un fenómeno biológico cotidiano. Mas aún, el amor es un fenómeno biológico tan básico y cotidiano en lo humano, que frecuentemente lo negamos culturalmente creando límites en la legitimidad de la convivencia en función de otras emociones. Así , por ejemplo, toda dinámica de crear conciencia de guerra (ocurre cuando hay lucha con el otro), consiste en la negación del amor, que abre paso a la indiferencia y luego en el cultivo del rechazo y del odio que niegan al otro y permiten o llevan a su destrucción. (Maturana H., 1990)
Este artículo destaca cuánto es de fundamental, dentro de un proceso de rehabilitación en drogodependencia ambulatorio de jóvenes adolescentes y en el trabajo con sus familias, que los terapeutas puedan evitar hacerse cargo de la delegación automática y natural a la que tienden los consultantes en la búsqueda de un experto que se haga cargo de una situación que los sobrepasa.
Esto se puede lograr a partir de un trabajo minucioso en detectar el tipo de relación que se va estableciendo tanto con el joven como con su familia, en el cual se tratará de evaluar el grado de expectativa puesta en el “saber profesional”. Esto permitirá devolver en cada acto terapéutico la responsabilidad a los mismos, logrando que en forma creciente puedan utilizar y valorar sus propios recursos, reinvolucrándose en la relación familiar de manera que se conviertan ellos en los principales actores y “sabios” que puedan lograr el cambio positivo.
*Quiero agradecer a M.C.Ravazzola, Susana Barilari, Gastón Mazieres y al resto del equipo de Proyecto Cambio por el privilegio de compartir con ellos esta cotidiana tarea de ayudar a las familias que nos consultan.
**Licenciado en Psicología, terapeuta familiar y grupal de la “Fundación Proyecto Cambio”. mchoclin@hotmail.com
Para esto voy a describir herramientas y dispositivos como parte de una particular visión sobre cómo lograr que padres e hijos reasuman sus propias capacidades y riquezas dentro del cofre de la idiosincrasia de cada familia.
Palabras Claves: Delegación – Reinvolucración – Relación horizontal – Protagonismo - Autonomía
From the delegation to the reinvolvement of the family in a drug rehabilitation outpatient program for young adolescents
This article highlights how it is crucial in a drug rehabilitation ambulatory program for young adolescents, in working with their families, that therapists can avoid the delegations that naturally the consultants do in the search of an expert who takes over a situation that surpasses them.
This can be achieved from a thorough job in detecting the type of relationship that is established both with the young and with his family, which seek to assess the level of expectation placed on the "professional knowledge". This event will return in each therapeutic act responsibility to them, helping them in using and valuing their own resources, getting involved in the family relationship so that they become main players and "wise people” who can achieve positive change.
For this I will describe tools and devices as part of particular vision of how to help parents and children reassuming their own abilities and treasures within the chest of the idiosyncrasies of each family.
Keywords: Delegation - getting involved -Horizontal relationship - Self-ownership -Autonomy
Introducción
En la historia del abordaje terapéutico de la problemática de la drogodependencia se ha visto necesario el trabajo terapéutico familiar, debido a que el joven está incluido en un contexto familiar, con el cual comparte un patrón de relación que colabora en la perpetuación de esta sintomatología (Stanton M. D. y otros, 1988). A partir de sucesivos fracasos luego de arduos procesos terapéuticos en los que solo se abordaba al adicto, se observó que pese a los cambios individuales, el mantenimiento de un tipo de relación familiar que quedó intacta, promovía las condiciones para la vuelta al consumo y a conductas de riesgo. Es en esta instancia donde la terapia familiar pasa a formar parte de un abordaje múltiple, que incluye la terapia con la red más amplia, el trabajo terapéutico grupal con los pares que comparten la misma problemática y grupos de autoayuda con los que tienen una relación complementaria con el paciente: padres, novios/as, hermanos, amigos. El eje de cambio no es solo el drogodependiente, sino su contexto familiar y de red mas amplia, los cuales pasan a ser fundamentales en el éxito del proceso (Barilari S. y otros, 2004).
Este artículo trata de transmitir la importancia que tiene dentro de un proceso de rehabilitación en drogodependencia ambulatorio de jóvenes adolescentes, en el trabajo con sus familias, que los terapeutas eviten asumir la delegación automática y natural a la que tienden los consultantes en la búsqueda de un experto que se haga cargo de una situación que los sobrepasa.
Esto se puede lograr a partir de un trabajo minucioso en detectar el tipo de relación que se va tejiendo entre los terapeutas con el joven y su familia. A los mismos tienen les queda la ardua tarea de devolver en cada acto terapéutico la responsabilidad a los mismos, logrando que en forma creciente puedan utilizar y valorar sus propios recursos, reinvolucrándose en la relación familiar de manera que se conviertan ellos en los principales actores y “sabios” que puedan lograr el cambio positivo.
Para esto voy a describir herramientas y dispositivos como parte de una particular visión sobre cómo lograr que padres e hijos reasuman sus propias capacidades y riquezas dentro del cofre de la idiosincrasia de cada familia. El concepto de resiliencia familiar permite entender el enorme potencial de las mismas para enfrentar situaciones de adversidad (Walsh F., 2005)
Proyecto Cambio (1) surge como alternativa hace mas de diecisiete años frente a las dificultades que aparecen en la fase de reinserción social y familiar después de largos períodos de internación. Los jóvenes al volver al contexto social y familiar original sucumbían a los mismos factores que colaboraron a mantener el consumo en el pasado. Esto derivó en la posibilidad de crear un tratamiento para una población principalmente de clase media urbana , que evite la internación a partir del acompañamiento familiar, a manera de contención, para posibilitar primero la abstinencia y luego el cambio de hábitos y patrones relacionales de los jóvenes. No se los saca de su contexto original, y necesariamente se trabajan durante todo el proceso los aspectos que complementan el comportamiento sintomático del paciente designado. (Stanton M. D. y otros, 1988).
El programa de rehabilitación integra a los miembros de la familia en una organización ambulatoria en al que participan los adictos en recuperación, sus padres, las novias, hermanos y amigos en grupos de autoayuda y entrevistas de terapia familiar de orientación sistémica. Todas estas tareas están interrelacionadas entre sí, conformando una unidad estructural de compromiso familiar múltiple.
Este abordaje múltiple involucra distintas disciplinas desde áreas bio-psico-sociales, recreativo-artísticas, comunitarias y educativas. Integra profesionales de estas disciplinas como personas que han sufrido y superado experiencias de adicción-exadictos o adictos recuperados- y padres que han pasado por el programa. (Barilari S. y otros, 2004).
El equipo: una relación horizontal con el otro
Podemos destacar la importancia que tiene para los coordinadores de los programas de rehabilitación la relación con el joven y su familia, que incluya tanto el respeto, el no juzgamiento como la apreciación positiva. Para eso necesitamos permanentemente chequearnos en la relación con el otro, en que posición quedamos ubicados, si desde arriba como dueños del saber o desde un plano mas horizontal. Verificamos frecuentemente que si el terapeuta le confirma a la familia su papel de experto, los padres tienden a “descansar” en que “hay quién se ocupe” con pericia de sus hijos, lo que desemboca en la confirmación de que ellos no son aptos en la salida de esta problemática, tal como venían mostrando todos los años anteriores. (Ver ejemplo)
G. de 18 años pasa largas horas en la casa jugando a la play station, aislándose, de mal humor, encerrado en sí mismo, no colabora en las tareas de la casa, cena solo en su habitación, esta situación crea una clima tenso con la familia. Los padres traen esta situación a la entrevista familiar en forma de queja con el hijo. El terapeuta siente que está delante de un rey con sus dos súbditos, y que el cumpliría el rol de justiciero Siente que ellos esperan que lo rete o lo cambie a G. en sus actitudes. Lo pone al joven en una silla con varios almohadones como haciendo de trono, y a los padres los sentó en el piso, y les transmitió la escena- metáfora de la interrelación- que se le armaba. Esta amplificación incomodó enormemente a los padres, subiendo la tensión de ellos con el hijo. Se continua la conversación desde esta escena, por ejemplo: ¿consultaron con el rey…?
Lyn Hoffman (pag.35-36, 1996) refiere que “todo indica una preferencia por un proceso de influencia mutua entre consultante e investigador, en vez de por un proceso jerárquico y unidireccional. Este enfoque cuestiona sobre todo el elevado status del profesional”
La inclusión en el equipo, luego de un período de capacitación y entrenamiento, de operadores socioterapéuticos, “exadictos”, que han terminado un tratamiento y se han recuperado, y de familiares, generalmente padres que han acompañado a sus hijos y que se convierten en coordinadores de los grupos de padres, es necesaria para acercarnos desde la propia experiencia. El hecho de que hayan vivenciado de cerca el proceso como protagonistas les permite llegar a los jóvenes y sus familiares, de una manera directa y concreta con lo que ellos han vivido, lo que crea un puente y una confiabilidad, que facilita la apertura de los mismos.
Se suman los testimonios de jóvenes y padres que están avanzados o han terminado el
Tratamiento, que están dispuestos a colaborar con los que recién empiezan, enriqueciendo con frescura la motivación, la esperanza y la posibilidad de poder hacer los cambios necesarios. Ellos mismos en esta ayuda refuerzan y confirman las transformaciones que han hecho.
Este clima de autoayuda, donde no hay alguien que se postula como el poseedor del conocimiento cuestiona los aspectos omnipotentes de los profesionales.
Podríamos decir “que predomina el prefijo”co” para describir la conversación terapéutica (co-autor, co-evolución)”, (Lyn Hoffman, pag. 35 1996). Un corolario de esta posición es la vigencia de la supervisión (2) y de la auto mirada continua del self de los coordinadores y un permanente entrenamiento del terapeuta y del equipo: cómo se ve ubicado en la escena terapéutica, qué lugar ocupa para el otro, que efecto produce con su participación. Para esto es fundamental el registro de los propios procesos internos.
En el ejemplo anterior el terapeuta pudo registrar en sí mismo una cierta incomodidad a partir de que los padres de G. esperaban de él: que “corrija” al hijo, también sentía la actitud altanera y desafiante de G., lo cual le inducía cumplir ese papel de “educador”. Es entonces cuando quiere salirse de este juego relacional que le propone la familia y a partir de la imagen que se le creó, les hace hacer una “escultura” (3) del “reinado de G.” logrando que los miembros de la familia se tensionen y puedan verse en ese tipo de relación: los padres sometidos a un hijo con mucho poder, es decir logra pasar la tensión a la familia. (Ravazzola M. C. y Mazieres G., 1986).
En esta tarea, la confrontación con lo que vamos sintiendo en la relación con los consultantes nos dará la llave para no quedar atrapados en lo que nos define la familia. Antes que técnicos en la materia, somos personas que están involucradas emocionalmente en la situación terapéutica. Coincido con Whitaker Carl A. (pag.51, 1991) cuando dice que”Debemos enfrentarnos con la vida y con nosotros mismos antes de poder ver por debajo de la superficie. Debemos tener acceso a nuestros propios impulsos, intuiciones y asociaciones. Tan solo después de haber luchado con usted mismo podrá llevar su persona, no solo el uniforme de terapeuta, al consultorio”.
La no asunción de la delegación ya se ejerce desde un comienzo cuando el equipo se plantea esta particular manera de relación con los consultantes.
El clima de trabajo dentro del equipo, donde impera el buen humor, el libre pensamiento, la no directividad, el trabajo y coordinación en conjunto, es fundamental para transmitir a los jóvenes y sus familias una sensación de respeto y cooperación.
Esta necesaria coherencia del equipo es similar a la que pueden transmitir o no los padres a los hijos. Si aquellos pelean, hacen alianzas con los hijos por fuera del otro adulto, esto se verá reflejado un poco mas, un poco menos en el desarrollo personal de cada hijo (Andolfi M. y otros, 1982).
Partiendo de la aplicación del pensamiento sistémico a prácticas comunitarias el tratamiento tiene fundamentalmente el eje continuo durante todo el proceso de la terapia familiar desde un abordaje específico diferente a lo que se hace en otros ámbitos: apunta a ayudar al joven, a través del cambio de patrones de relación dentro del ámbito familiar pero en fuerte coordinación con lo que ocurre en el resto de los espacios terapéuticos, lo que se definiría como un abordaje múltiple. (Barilari S. y otros, 2004).
Estos otros espacios son fundamentalmente los grupos de pares donde el joven se inserta y ejercita una nueva pertenencia que reemplazará en parte a la anterior del consumo y el grupo de padres donde los mismos tienen un espacio para reflexionar sobre sí mismos en esta difícil tarea de acompañar a un hijo en tratamiento.
El mismo objetivo tienen los grupos de hermanos, de novio/as, amigos. Es importante destacar la idea de red (Dabas, 1993) como sustento mas amplio que la familia, que puede incluir otros parientes, vecinos, empleadores, amigos, los cuales son verdaderos promotores de la resiliencia individual del joven y también de su familia. (Ravazzola M. C., 2001).
Cada uno de estos espacios grupales facilita y colabora con los cambios necesarios de cada miembro de la familia. El espacio familiar es el ámbito privilegiado y singular donde estos distintos actores: padres, hermanos, paciente identificado, nos muestran en escena sus cambios y sus trabas a través del tipo de interacción que van teniendo entre ellos en los diferentes momentos del proceso.
Es fundamental durante este proceso para el trabajo con estas familias el no asumir la delegación automática y natural a la que tienden las familias al ubicarnos como expertos.
Esto se da dentro de una cultura en la que los roles y funciones, van reemplazando a las personas, empobreciendo la complejidad de recursos de cada ser humano.
Por eso uno de los instrumentos fundamentales para lograr no asumir la delegación y consecuentemente lograr de parte de padres e hijos una reinvolucración es que los terapeutas asumamos que no solo somos una función terapéutica, sino también somos personas que sentimos, nos angustiamos y nos enojamos. La distancia profesional favorece que se vea nada más al terapeuta en sus aspectos profesionales y ratifica la expectativa de “cientificidad”, pero frustra a la vez la necesidad del consultante de sentirse acompañado y apoyado en forma cálida y cercana en pos de la confianza y apertura personal.
Tomando a M. Andolfi (1982) la familia le propone al terapeuta un libreto que lo trata de definir en la relación en base a sus expectativas (delegación), evitando cada miembro de la familia en la interacción terapéutica asumir las contradicciones que cada uno tiene que vivir en el nivel personal. Si el terapeuta acepta este guión familiar pasa a cumplir una función estereotipada que refuerza el patrón de interacción en el cual se inserta la conducta sintomática, conservándose las funciones que juega cada uno en el sistema sin la posibilidad de que puedan descubrir en sí mismos nueva alternativas que los conectan como personas fuera de aquellas. Si el terapeuta acepta la asignación le termina pasando lo mismo que a la familia, desea la estabilidad de la relación por temor a descubrir en sí mismo expresiones nuevas que pueda representar en la relación con los demás. Se trata de inventar con la familia una verdad nueva. “…Si el terapeuta no quiere quedar prisionero de la expectativas que en él se depositan, debe tener la capacidad de deslindar sus propias fronteras de las fronteras de la familia, oponiéndosele desde un comienzo en la definición de la estructura terapéutica…” (Andolfi,1982, pag. 30). Para esto el terapeuta deberá entrar a los espacios familiares más recónditos pero también tomar distancia y regresar a sus propios espacios: entrar y salir, participar y separarse.
Durante la entrevista familiar un papá esta preocupado acerca de como se va a cuidar T. de 17 años en su primera salida. Se propone que conversen los padres de sus temores con el hijo. Al rato estos se emocionan y se ponen a llorar frente al descubrimiento de que T. tiene varias ideas propias para cuidarse y tiene una buena disposición al diálogo. Es la primera vez después de mucho tiempo que reciben del hijo una respuesta responsable consigo mismo que no sea la rebeldía. Los terapeutas, que los vienen acompañando hace varios meses, también se emocionan y comparten sus sentimientos y alegría por los cambios.
El profesional no es ajeno a los fuertes climas emocionales que emergen durantes el proceso, sabe que permiten la apertura de nuevas alternativas en las relaciones, y rompe con cierto funcionamiento estereotipado entre padres e hijos. El lograr desarrollar ciertas intervenciones a través de por ejemplo recursos psicodramáticos (Ravazzola M. C. y Mazieres G., 1986).o diálogos vinculares (puesta en acto, Minuchin S., 1984) favorece el contacto emocional. El hecho que el profesional también pueda emocionarse junto a la familia, y no se lo autocensure intensifica el contacto con la misma (joining) y esto no hace que quede absorbido como uno más del sistema, ya que tiene en su mente que lo emocional es un elemento significativo del proceso terapéutico y la posibilidad de lograr cambios.
H. Maturana (pag.14, 1990) describe a las emociones “como disposiciones corporales dinámicas que definen los distintos dominios de acción en que nos movemos. Cuando uno cambia de emoción, cambia de dominio de acción. En verdad, todos sabemos esto en la praxis de la vida cotidiana, pero lo negamos, porque insistimos en que lo que define nuestras conductas humanas es su ser racional.”
En este mismo plano horizontal, emocional y humano, en el cual el eje es la relación, es prioritaria la sensibilización y la conexión, el espíritu compartido entre las personas que padecen la misma dificultad o van dando los mismos pasos. El motor de los cambios se da fundamentalmente en este clima que se respira de ayuda mutua. Solo se puede apreciar el grado de movilización que se gesta en un grupo vivenciando en el mismo la intensidad del compartir los mismos padecimientos y temores. Esto rompe con una de las características que tienen las personas que padecen problemáticas de abuso, y a la que tiende hoy nuestra sociedad con el individualismo y el debilitamiento de los lazos de solidaridad, que es el secreto, es decir que quede todo “entre casa”, “no sacar los trapitos sucios al sol”: el aislamiento del sufrimiento frente a un tercero. (Ravazzola, M.C., 1997).
El adolescente como explorador de nuevos territorios
El adolescente es un explorador de nuevos territorios que anhela experimentar situaciones diferentes a las vividas en la infancia dentro del marco protector familiar. En esta búsqueda de identidad, de responder a la pregunta ¿Quién soy?, ya no alcanza con las respuesta de mamá y papá, necesita apoyarse en nuevos códigos y valores que lo hagan sentirse dueño y autoridad de esa elección y de la defensa de la misma. Encontrar un grupo de pertenencia que le ofrezca el apoyo y la plataforma para hacer ese despegue es fundamental para esta diferenciación.
En esa aventura por nuevos terrenos, donde hay otros climas, otros relieves, otro idioma, otros paisajes, el joven puede ser cauteloso, ayudado por la referencia familiar:
1) construyendo una “conciencia” que se fue constituyendo con la incorporación de normas y criterios que le permiten tener una señal de alarma frente al peligro,
2) a través de la presencia cotidiana de los padres, con límites, valores, pautas. Mientras los padres no terminan de ver a sus hijos como definitivamente desarrollados y aptos para tomar en todos los casos buenas decisiones, necesitan estar en contacto con él. El mantener algún canal de comunicación y la supervisión de algunos aspectos de este nuevo territorio que transita el hijo: amigos, hábitos, horarios, responsabilidades, son maneras que tiene el adulto de acompañarlo en este “viaje”.
Si algo de esto no ocurre el joven con su enorme energía y su cuerpo desarrollado de persona grande, no mide los riesgos, las inclemencias y peligros de esta exploración y se zambulle rápidamente en el océano de lo que le ofrece la nueva realidad.
La referencia interna y externa como marco regulador de estas novedades es débil. El adolescente se las arregla para desconocerla y cuestionarla desacreditando lo que puede venir desde el ámbito familiar. Se siente grande y que él sabe lo que quiere, lo que le gusta, y se siente con mas fuerza que los padres: “nadie me saca de aquí”.
Pero en realidad se comporta como un niño chiquito que no registra los peligros de “poner los dedos en el enchufe”, le deja esa tarea a los otros, como eternos responsables y cuidadores. Se sienten grandes pero se conducen como chiquitos. Queda delegado en la familia la tarea y el registro del cuidado y autocontrol.
Es posible que la familia lo ejerza sin lograr encontrar la manera de traspasarle esa “posta” a los hijos adolescentes: estudian por ellos, van a hablar con los profesores para defenderlos, son gestores de sus diversiones y placeres, toleran el maltrato como conducta normal en los jóvenes de hoy. A su vez les van aceptando “el ser vagos”, la pasividad y la falta de colaboración como parte de lo que se tiene que vivir todos los días con los hijos. Los padres se convierten en agentes que nutren todas esta “necesidades”, y están al servicio de los hijos, en una idealización de la adolescencia “que tienen que vivir”.
Es en este patrón relacional donde se van gestando las conductas abusivas del adolescente, plataforma de lanzamiento para el consumo de drogas y las conductas de riesgo.
Los padres, a su vez, pueden llegar a convencerse de esa fuerza y convicción como si sus hijos fueran adultos hechos y derechos, con la capacidad y la claridad para tomar sus propias y autónomas decisiones. Pero a la vez minimizan y toleran los aspectos infantiles y riesgosos, quedando los hijos a expensas de sus propios impulsos sin una brújula que los oriente en una dirección correcta. El gradual traspaso de responsabilidades desde padres a hijos (“posta”) quedó trunco. (Ravazzola M. C., 1997)
Pareciera que los padres no saben que hacer, que les faltó un modelo de aprendizaje en el cual apoyarse. Muchos vienen de vivir como hijos con sus propios padres una relación muy diferente de lo que hoy se vive con los adolescentes. Quizás la autoridad estaba más clara, y más allá de que como adolescentes también necesitaron transitar situaciones de rebeldía y diferenciación, el grado y margen de cuestionamiento, y la conductas de peligro que se permitían vivir eran menores.
No tienen la plena conciencia de que sus hijos en realidad, están confundidos, agrandados en este vuelo exploratorio, sin el registro de que se pueden chocar o caer, y que puede ser demasiado tarde. (Cancrini L. 1991)
Es cuando esta etapa de exploración y experimentación necesaria de la adolescencia se transforma en un viaje a lo desconocido sin destino, donde en la búsqueda de respuestas y certidumbres es necesario pasar por experiencias cada vez más fuertes para lograr encontrar alguna suerte de referencia.
La cultura consumista, que hoy se vive cada vez más, estimula a los adolescentes a buscar experiencias placenteras y evasivas como símbolo del bienestar y la plenitud. Esto refuerza sea el vínculo con su grupo de pares, mayor es su indefensión, es decir su adicción”.
De desatender la escuela, las horas de sueño, la alimentación, se pasa a largas horas de este camino alocado y descontrolado, que en realidad termina siendo un síntoma de nuestro sistema social actual, en el cual los adultos no queremos ver que estamos absolutamente implicados.
Los jóvenes que experimentan con drogas viven este camino en forma desenfrenada y caótica como emblema de ellos mismos, como bandera propia, “los demás son caretas”. No pueden registrar que son usados por un circuito económico en una cadena, en la cual son el último eslabón.
Esta búsqueda sin fin, incluye una escalada cada vez mayor, con el consumo de nuevos tipos de drogas y la vivencia de nuevas situaciones de riesgo. De fumar marihuana y abusar del alcohol, pasan a la cocaína, éxtasis, psicofármacos, hongos.
Es lo que Duncan Stanton (Pág.37-38, 1991) refiere como seudoindividuación: “el adicto participa de un patrón homeostático de ida y vuelta entre sus pares y el hogar…las relaciones del adicto con la cultura de la droga en realidad refuerzan su dependencia respecto de la familia. Una vez más las relaciones externas se pueden considerar como el escenario para una conducta seudoindependiente y seudocompetente por parte del adicto. Paradójicamente, cuanto mayor ausencia del hogar en lugares desconocidos, a robar, ir a la villas a comprar droga y el tentarse con juntarse con los jóvenes más representativos de esos códigos, momento en el cual la frontera se confunde con lo delincuencial.
Estas diferentes situaciones van dando señales fuertes a la familia, como si quisieran despertar a los padres de una anestesia emocional de “no pasa nada”. (Ravazzola M.C., 1997). Estas huellas pueden ser desde dejar rastros de droga en la casa, robarles cosas, estar violentos, indiferencia, hasta llamadas de la escuela por la conducta, detenciones de la policía por tenencia o robo, un accidente o un problema de salud.
Hay familias que hoy en día tienen normalizado el abuso de alcohol y el consumo de marihuana. Por lo cual no se alarman, quizás por que ya lo hicieron ellos en su juventud, o lo siguen haciendo. Es ahí que hay que esperar que ocurran hechos más graves para que cunda la alarma.
Es en ese momento cuando hacen la consulta.
N. de 17 años tuvo un accidente de moto cuando viajaba con su novio. Por poco ambos pierden la vida. Consume desde los 13 años, consumo que fue incrementándose hasta hacerse adicta a la cocaína. Los padres, muy asustados, deciden hacer la consulta para un tratamiento y ahora, conscientes de que N. podría haber muerto, igualmente creen que el que la llevó a esta situación fue su novio. N. les reprocha que varias veces ella les dijo desde más chica de su consumo. “¿Ahora se acuerdan?”. Esto lo utiliza para hacerlos sentir culpables y contrarrestar un posible cambio en cuanto a los límites y al control.
La consulta: El experto y la delegación. ¿Quién maneja el timón?
Muchas veces las familias consultan a profesionales de salud mental que no tienen experiencia en esta problemática, pero que aplican un marco terapéutico general a este tipo de consulta sin el total conocimiento de la totalidad de variables que se ponen en juego. (Haley J., 1985)
Los jóvenes que llegan a este punto normalmente están entrenados -como buenos seres sobrevivientes de vivir en territorios salvajes- en recursos y conductas que les permitían manejar su realidad a su antojo. Hábitos manipuladores, transgresores de las normas vigentes y especialmente una aparente piel gruesa y curtida, la cual es indemne al registro emocional del otro y de sí mismo, todo esto hace que la atención profesional sea necesariamente compleja y requiera de un marco regulador y ordenador de estas conductas.
De lo contrario los jóvenes terminan definiendo los vínculos con los terapeutas, arrastrándolos al mismo patrón abusivo que con los padres: mentiras, desconexión, manipulación, “esta todo bien”, lo cual va generando una anestesia emocional en el terapeuta, una sensación de impotencia, es decir un vínculo que se puede describir como “un como sí”. Mientras se transita aparentemente por un proceso terapéutico, paralelamente el joven sigue a expensas de sus impulsos y de los riesgos a los que conducen.
El abuso de sustancias también se traslada a abuso de los vínculos. Es característico como en el caso de otros tipos de conductas abusivas (por ejemplo violencia) el hecho de que los complementarios no puedan tener un pensamiento y claridad propios, y que queden como hipnotizados frente a su discurso. (Ravazzola M. C., 1997).
L. comenzó su consumo de marihuana a los 14 años. Sus padres la mandan a un terapeuta a partir de manifestaciones que a los 16 años les preocuparon: quedó libre en el colegio y repitió, no les hace caso, está incontrolable y agresiva, no tiene ganas de hacer nada, y como gota que rebalsó el vaso le encontraron un porro en la habitación. Comenzó a ir a un terapeuta individual, el cual se quedaba fascinado por los relatos y fantasías de L., le valoraba su locuacidad y creatividad. Creía que los padres eran causantes del malestar de la chica, tal como lo relataba L., especialmente con desatenciones. Pensaba que es normal que L. fume marihuana los fines de semana, y que con la terapia este hábito lo iba a ir dejando. El sentía que podía “salvarla” y “curarla”. Lo que no sabía es que L. le mentía todo el tiempo, iba drogada a cada sesión, y se aprovechaba de esta relación como coartada de su consumo.
Algunos padres delegan en el terapeuta la responsabilidad de cambiar al hijo, con la confianza y la ilusión que él lo sabrá manejar, ignorando la necesidad de un tratamiento especializado.
Esta delegación coincide con el patrón vincular que tienen con el hijo, es el terapeuta el que va encargarse de ver la realidad del hijo, de hacer contacto, de esperar consejos o marcaciones del mismo. Esto ratifica la sensación de inutilidad e inoperancia de los padres para convertirse en referentes del joven. Si la vida del hijo se nos representa como un barco que navega por aguas tumultuosas, el timón no lo termina agarrando nadie.
La capa gruesa de piel curtida también la tiene la familia, decepcionada con el hijo, viéndolo como un caso incurable, a veces buscando diagnósticos que aquieten la culpa, ignorando la enorme riqueza que cada uno tiene en su interior para su encauzamiento:
“necesito que el barco lo maneje el experto capitán-terapeuta, yo de olas, tormentas, vientos no sé nada”.
Lo que los padre o la madre sienten frente a lo que hace el joven queda como todos estos años en un segundo plano, ya que el terapeuta sabrá lo que tiene que hacer.
Pero a los jóvenes se le fueron cerrando los poros, perdiéndose la oportunidad de que lleguen las emociones de los padres frente a sus actos: enojo, tristeza, angustia, temores, desesperación, cariño, amor.
La distancia emocional no permite el contacto y una relación verdadera, y en este panorama quien se va a hacer cargo de ayudar a esta familia tendrá el enorme desafío de allanar el camino para que todos y entre todos puedan lograr una reinvolucración afectiva. Podemos definirla como un cambio en la relación entre padres e hijos que conlleva un contacto y comunicación cotidianas que le permitan al adolescente ir creciendo y transitando su desarrollo personal diferenciado y autónomo de la familia.
En nuestro modelo de trabajo el terapeuta después de aceptar una inicial delegación como “experto”, logra poco a poco reconducirla hacia la familia evitando ponerse entre los padres y los hijos, tratando que estos asuman sus responsabilidades. De lo contrario colaboraría en perpetuar la falta de contacto, la distancia afectiva, y la frágil autoridad paterna.
Éstos son apoyados en un momento inicial para tomar el timón en sus manos y volver a transitar una etapa que se creía superada: navegar con un plan de pautas y reglas que los hijos necesitan incorporar a través de un programa reeducativo. Como dijo J. Haley (Pág.60, 1985) “el arte de la terapia radica en hacer volver al joven con su familia como una manera de desligarlo de ella para iniciar una vida independiente”.
En las etapas posteriores se estimulará gradualmente al adolescente para que se haga cargo de sí mismo a través de desarrollar el cuidado, el autocontrol, la responsabilidad de sí y sus acciones, y un proyecto de vida.
De la desesperación a la esperanza
En este arduo proceso en que el terapeuta deben transitar junto a la familia, es necesario el permanente monitoreo de cómo se siente en la relación con el joven y su familia, que rol está ocupando para ellos, como clave para desarmar todo intento de delegación. Puedo sentirme un maestro que aconseja, enseña y sabe, un juez supremo que sabe lo que está bien, por ejemplo para la institución, un aliado de uno de los padres, un defensor del hijo como si fuera víctima de alguna situación, un salvador. A la vez puedo sentir que algo me enoja, me incomoda, me aburre. Todas estas señales que me pueden ser útiles para poder salir del juego homeostático que me propone la familia.
El concepto de resonancia (Mony Elkaim, 1989) nos permite aclarar que lo que el terapeuta siente no solo refiere a su historia personal, sino también al sistema en el cual ese sentimiento emerge. El terapeuta registra en sí mismo, a partir de los mensajes que percibe provenientes de la familia, una resonancia particular. “Algo de la representación familiar lo “toca” en una zona sensible de su self, produciéndose cierta confusión, malestar, incomodidad, etc., de modo tal que le indica que este mensaje debe ser revisado antes de que la obra prosiga” (Ravazzola M. C. y Mazieres G., pag. 69, 1986).
Cuando yo siento el peso de la “expertez”: la presión para decir algo, dar una respuesta, decirles lo que se me arma en mi cabeza sobre ellos desde un lugar de saber, tengo que percatarme que es una inducción del sistema familiar para desentenderse y seguir el mismo patrón que en la época del consumo.
El desafío de evitar posicionarnos frente a la familia como expertos profesionales poseedores de un saber objetivo y científico, se logra en cada instante de la relación terapéutica, con el registro de nuestra propia relatividad de lo que creemos saber y entender. Rescato el concepto de H.Maturana (1980) sobre la necesidad de renunciar momentáneamente, en nuestras observaciones, a la aspiración de objetividad, y colocarla entre paréntesis.
La idea es lograr conversaciones que permitan la apertura cada vez mayor de los poros, y el adelgazamiento de esa capa de piel dura, bajo la cual hay una inmensa blandura, vulnerabilidad y sufrimiento. Según Anderson y Goolishian (pag.49, 1996) “el terapeuta debe lograr una posición de ignorancia. La posición de ignorancia implica una actitud general, una postura en que las acciones del terapeuta transmiten una abundante y genuina curiosidad. Es decir las acciones y las actitudes del terapeuta expresan la necesidad de saber más acerca de lo que se ha dicho, y no transmiten en modo alguno opiniones y expectativas preconcebidas acerca del cliente, del problema o lo que deba cambiarse”. Sólo que no es fácil “ignorar” si uno se cree un “experto”. (4)
El programa de tratamiento está diseñado de forma tal que se vaya dando a lo largo del proceso, una creciente asunción de las funciones parentales por parte de los padres y/o sustitutos y la progresiva maduración por parte de los jóvenes. Para este objetivo el programa incluye después de una admisión, tres etapas “A”,”B” y “C” en la cuales progresivamente la familia y el joven van tomando su propio vuelo a través del trabajo terapéutico grupal y familiar complementarios. Coincide con lo expresado por J. Haley (Pág.60, 1985) desde su punto de vista de como encarar este tipo de problemáticas:”El procedimiento apunta a desligar a los padres del vástago para que la familia ya no lo necesite a este como vehículo de su comunicación, y el joven pueda hacer su propia vida”.
Padres de A. 18 años: Ya hemos intentado varios tratamientos, A. fue a una psicóloga durante dos años por problemas de conducta después de que nos derivó el colegio, siempre siguió igual, no lo podemos controlar, si le decís algo se pone violento, los hermanos están atemorizados cuando llega, me agarré varias veces a trompadas(el padre), anda todo el día en la calle, nos desparecen cosas, no se baña, se viste de negro, le encontramos marihuana escondida en una zapatilla, tenemos miedo que puede estar consumiendo otras drogas más pesadas. La terapeuta nos dijo que ya ella no podía ayudarlo más, que excedía sus posibilidades y nos recomendó venir acá, no sabemos si lo tenemos que internar, no va a querer venir, no te escucha, hace lo que quiere, queremos saber si está enfermo, algo debe tener, está desconocido no es el mismo de antes. Él dice que lo dejemos de perseguir, que el ya es grande y sabe lo que tiene que hacer, no nos gustan los amigos, algunos andan en la delincuencia, entre nosotros (los padres) nos estamos peleando seguido porque yo veo que él (el padre) se pone muy violento con A, no nos estamos ocupando de los otros hijos (la madre angustiada llora)
Padres de B. 16 años: Nos recomendaron este lugar para B. No nos dimos cuenta del consumo. El hermano nos alertó después del último intento de suicidio. Lo llevamos siempre a psicólogos y psiquiatras, tiene una depresión hace años, se lastima, se corta, el hermano lo pudo rescatar después de que tomó pastillas en lo de la abuela. Estuvo internado recientemente unos días en una clínica psiquiátrica, lo vemos mal, no quiere hacer nada, no va a querer venir. Debe estar celoso que tuvo una hermanita, él nos dice que lo dejemos en paz, que le arruinamos la vida, que nos odia, que le gustaría vernos muertos, no sabemos más que hacer, no le habremos dado suficiente atención, él siente que no lo respetamos, se quiere ir a vivir con amigos porque no nos aguanta, le tengo miedo que se lastime o nos haga algo. Quisiéramos que nos digan que tiene y como lo pueden tratar aquí. (Se ve en los padres rostros desesperados y sombríos)
En este estado de angustia y desesperación es importante la calidez con que se recibe a personas tan lastimadas. A la vez les tiene que llegar un mensaje que lo puedan oír y abrir alguna esperanza. Dentro del grupo de padres de admisión el coordinador le pide a un padre avanzado o que haya terminado el tratamiento que les dé su testimonio de cómo pudo con su hijo. Les da un mensaje positivo de su propia experiencia, y que es lo que les sirvió, le transmiten la importancia de empezar a ver que se puede ayudar a los hijos, y que los padres cumplen un rol fundamental en esta tarea. (S. Barilari y otros, 2004)
Los otros padres comparten las sensaciones, angustias, incertidumbres y logros que van teniendo en estas primeras semanas en relación a sus hijos. “No estamos solos, nos acompañamos, compartimos el mismo padecer”
Ya en este primer contacto con la institución se produce un primer impacto y contraste en cuanto a la expectativa de lograr una delegación natural y automática que se produce en una consulta profesional. Se pasa de esperar las respuestas del profesional “que sabe” a escuchar la experiencia de alguien que ya transitó ese camino, y que comparte como pudo él y su hijo a la manera de verdaderos expertos y artesanos.
La familia llega con una distancia emocional entre padres e hijos y con sus propias personas, una anestesia que no sólo produce por el consumo de drogas, sino el tipo de contacto que la familia tiene entre sí, incluso entre los mismos padres y los hermanos. M. C. Ravazzola (1997) nos habla de cómo la anestesia emocional es característica de los patrones de abuso, el no registro de las propias emociones. La sensación de impotencia, culpa, sentirse incapaces y fracasados como padres, son el reflejo de una relación que se fue construyendo a lo largo de años en que tanto los padres como los hijos se fueron desconectando de las posibilidades positivas que tenía el vínculo entre ellos.
El adolescente, frente a la necesidad de construir un camino e identidad propio a través de un proceso normal de cuestionamiento y descreimiento del marco referencial de los padres, fue definiendo ese vínculo como inútil e innecesario, a diferencia del enorme significado que pasó a tener el grupo de pertenencia y los valores y códigos compartidos: “Ya no soy un niño, ni lo que vos querés que sea, vos no me importás, lo único para mí son mis amigos”
Si los padres van aceptando pasivamente estas definiciones como reales y verdaderas, al pie de la letra, van creyendo que es cierto “mi hijo ya no me quiere, no le importan mis opiniones, ya no soy valioso para él, eso me enoja y me da ganas de echarlo de casa y que haga su vida”, provocándose una situación de escalada simétrica donde la violencia y el desafío son cada vez mayores o al contrario la inacción de los padres produce una relación con los hijos, como si fueran adultos, autosuficientes, que toman sus propias decisiones, como si supieran lo que tienen que hacer en la vida.
Sin embargo, a medida que aumenta el consumo y el desorden aparecen cada vez señales más grandes de que necesitan que alguien los ordene y los ayude a tomar la dirección de sus vidas.
Joven A, 18 años: …mirá yo no los aguanto mas a mis viejos, me están atrás pretenden que haga un tratamiento….¿si yo consumo?....cada tanto un faso…lo manejo, me divierto de estar con mis amigos…exageran…la escuela mal…me quedaron un montón de materias para terminar 5º año…no me gusta estudiar…que me dejen de hinchar, a mi me gusta la música, tengo una banda…¿si consumo cocaína?...alguna vez, pero sólo para ver que era…yo no tengo un problema, el que se tiene que tratar es mi viejo que lo quiero cagar a trompadas, pero¿ sabés por qué no lo hago?, por mis hermanos…quiero que me dejen tranquilo…sí a veces estoy mal, cuando no puedo dormir y siento que voy a estallar, pero me las arreglo….voy a venir a esa reunión porque me caíste bien, pero sólo esa vez, así me dejan tranquilo…yo igual voy a hacer la mía….
Se trata de tener un buen contacto con el joven, por sobre todo privilegiar la calidez en la conversación, ya que tiene muchos motivos para no estar en esa entrevista y ya es valorable que haya venido. Lograr una charla lo más sincera posible sin ningún tipo de juzgamiento a su conducta, posibilitará en algunos casos dar el primer paso y que pueda “probar”. Posteriormente, cuando comienza a participar del grupo, que le permite estar en contacto con jóvenes como él que le dan un mensaje de esperanza y de cómo les está sirviendo el tratamiento, va reforzando poco a poco la aceptación, en principio de venir, más delante de hacer el tratamiento por sí mismos. Muchos de ellos destacan meses después en sus autoevaluaciones (que tienen que escribir para pasar de una fase a la otra) la importancia que tuvo la calidad y el afecto recibido en ese primer encuentro.
En este momento se observa tanto desde el joven como desde los padres la máxima delegación. Aquél tiene una mínima motivación y apropiación para salir adelante, los padres hacen un primer movimiento propio de autoridad en lograr traerlo a la entrevista, pero con el objetivo que el terapeuta “lo convenza”.
Cuando los padres logran que siga viniendo a los grupos, es cuando ya están poniendo en marcha su propia autoridad con el hijo, clave para el éxito del programa.
Fase ”A”: Las normas como “yeso”: de cómo se ayuda a los padres a “empoderarse” y a los jóvenes a controlar sus impulsos para sus propios beneficios
Los padres después de transitar la admisión necesitan de herramientas que les permitan ayudar a sus hijos a realizar un viraje de 180 grados en sus vidas, y esto tiene que ver con una nueva organización de la vida cotidiana: horarios, responsabilizarse por una estructura laboral o educativa, regular el tipo de amistades, controlar el maltrato, el tipo de música, ser honestos, no manejar dinero. Frente a las reglas que propone la institución sienten al principio que es una tarea maratónica y difícil de lograr. Pero a la vez anhelan contar con las normas para que sus hijos se dejen de drogar y puedan cambiar su estilo de vida.
Por este motivo piden comenzar el tratamiento en la fase “A”, en la cual los jóvenes tienen que cumplir las normas que les permitirán la abstinencia del consumo, el reordenamiento en sus hábitos cotidianos, salir del contexto de consumo, de situaciones de riesgo y fundamentalmente lograr controlar impulsos, especialmente en el trato con los padres y los hermanos. La responsabilidad de velar por el cumplimiento de las mismas es de los padres, quienes tienen que estar atentos a qué es lo que hace el hijo, ya que es este quien las tiene que cumplir.
La institución y sus grupos de pares apoya a los padres este rol de autoridad y referentes. Hace que ellos logren poco a poco “empoderarse”. Los hijos van perdiendo su “capacidad” de maniobra y autonomía. Ya no pueden manejar los hilos de su vida como antes y dependen absolutamente de ellos, como si volvieran a empezar a ser chiquititos de nuevo en una reeducación.
Las normas actúan al principio como un “yeso” que permite soldar la relación de jerarquía con los hijos hasta ese momento quebrada, si bien sienten a las normas como algo externo, que no viene de los padres, sino de la institución, y empiezan no creyendo en la autenticidad de esa “fuerza” paterna.
El equipo tiene la difícil tarea de que esas normas las asuma cada familia como propia, y no como imposición externa: “cumplir con Proyecto Cambio”
Fragmento de una entrevista familiar:
Joven (se dirige al terapeuta): Quiero ver a mi amigo ¿Qué dice proyecto?
Terapeuta: ¿Les preguntaste a tus padres?
Joven: Sí, pero ellos me dicen que pregunte aquí (se frustra al ver que el terapeuta no le contesta, éste mira a los padres)
Madre (incómoda): Tenemos dudas, sabemos que ese amigo alguna vez consumió
Joven:(se enoja) ¡Ya empezó! No ves que ya hace rato no consume, no me dejás hacer nada, estoy encerrado y no me crees…
Terapeuta: Vos dependes de la decisión de tus padres
Padres: ¿Que dice la institución en un caso así?
Terapeuta: ¿Se quedan tranquilos con que se contacte con él?
Madre: No
Terapeuta: Ustedes tienen que decidir si lo ve o no
Es tarea del terapeuta lograr responsabilizar a los padres de la toma de decisiones, porque permanentemente surgen las preguntas ¿Qué hacemos con la novia?, ¿Lo dejamos viajar solo a la escuela? ¿Te parece que pase a la fase “B”?. Es ahí donde se requiere de cintura para lograr que el padre se conecte y registre qué siente él, qué lo tranquilizaría.
Es más fácil que el experto dé una respuesta “me parece bien que vea a la novia” como si recetara un antibiótico, perpetuándose el patrón de relación de distancia y poca involucración.
Los jóvenes viven las normas como una restricción de sus libertades antes “ganadas”, protestan, están de mal humor, tardan en darse cuenta de sus beneficios. Sienten que pierden un poder que habían conseguido hace tiempo. Al cabo de un tiempo van asumiendo la conveniencia de cumplirlas porque es la manera de avanzar hacia una mayor autonomía y evitar seguir teniendo consecuencias por no cumplirlas. Si no se levanta en el horario que dice la norma el grupo le hace reparar con varios días de levantarse más temprano, si maltratan a los padres tienen que hacer algo en lo cual los padres se sientan reparados. Éstos a su vez, aprenden a ponerle consecuencias frente a los maltratos. Ya no es como antes la ilimitada tolerancia frente a las agresiones y el abuso. Los hijos van teniendo experiencias de que cada una de sus conductas, sean positivas o negativas tienen efectos en el otro y en sí mismos. (Ravazzola M.C., 1997)
Todos estos años vivieron en un mundo irreal donde los actos tenían una especie de impunidad, sin que al joven le llegue el impacto emocional que produce en los demás su propio acto destructivo para sí y para el otro.
La familia se acostumbró a no hacer nada frente a lo que sentían ante un impulso del hijo, y éste se va acostumbrando y naturalizando a que los demás deben toleran todo: que duerma hasta tarde, que coma en su cuarto y deje todo tirado, que vea todo el día TV, que no conteste, que grite y empuje a los hermanos, que se encierre con amigos en el baño, que venga borracho y hasta que se fume un porro de vez en cuando.
C. de 17 años pintó la cocina de su casa como reparación del maltrato y la descalificación que ejerce hacia su madre. Esta es la primera vez que C. hace un aporte al hogar en que vive. La cocina pasó a tener otro aspecto. C. disfrutó de haberlo logrado y de ver contenta a su mamá.
Con el transcurso de la etapa “A” el adolescente va incorporando y apropiándose de las normas, ya deja de ser un asunto que solamente quieren los padres o la institución sino ellos mismos, ya que quieren avanzar.
En esta apropiación se va adelgazando de a poco esa gruesa capa de anestesia inicial. Es muy fuerte para ellos todo el impacto emocional que están viviendo sin drogarse y dejando atrás hábitos que los alejaban de los vínculos cercanos y significativos: los grupo de pares implican un fuerte estímulo que lo va despertando de esa vieja modorra, “mis compañeros están pudiendo, les está sirviendo, se sienten mejor ¿por qué yo no?. El grupo le va devolviendo a su vez los aspectos que cada uno no puede ver de su conducta. Son un espejo de lo que cada uno es. Esto lo hace confrontarse con una realidad que es difícil de eludir
N de 18 años: “todos me dicen que hablo como dando miedo a los demás…antes estaba orgulloso de asustar a la gente…acá no me sirve…me siento solo así… no tengo el lugar de respeto que me daban antes en la plaza…”
El hecho de convivir cotidianamente con los padres sin evasiones, estando bajo su mirada y control, recibiendo de los mismos lo efectos y consecuencias de sus actos, hace que poco a poco el adolescente empiece a registrar a su familia, lo que le puede afectar, doler, enojar, dejando de ser el ombligo del mundo.
Éste es el primer y fundamental cambio en cuanto a una reinvolucración familiar, los hijos y los padres se van sintiendo mutuamente con una presencia y protagonismo concretos. La institución a través del “yeso” de su programa y sus normas ocupa todavía un lugar central en este movimiento. ¿Cómo logra entonces el equipo que el protagonismo de los cambios sea totalmente asumido por la familia? Ese es el gran desafío de las siguientes fases del tratamiento.
El pasaje de una etapa a la otra se produce no primordialmente por una evaluación del equipo, sino fundamentalmente por un registro del joven y su familia de los logros obtenidos en dicha fase. Cuando se siente preparado para pasar a el siguiente período se lo plantea a sus padres y escribe una autoevaluación, la cual lee en cada espacio terapéutico, tanto grupal, como familiar. Se busca que sea el protagonista de su propio devenir, y no que el avance sea fruto de la valoración institucional externa.
Autoevaluación del Joven C.17 años antes de pasar a la etapa “B”:
Hace tiempo (cuatro meses ya) que me cuesta ser consciente de los cambios que fueron ocurriendo. Todavía me es difícil creer todo lo que pasó. El primer tiempo de esta ola gigante fue una tortura para mi familia y un sufrimiento muy grande para mí. Yo no me hacía cargo de que los estaba dañando mucho con mi manera de hacer, o querer hacer la cosas. Encima buscaba cómplices en mi familia para poder manejarlos y lograr lo que quería….No entendía porque me querían ayudar a la fuerza…odié mucho a las personas que me rodeaban y quería romper vínculos con todos. Pero elegí quedarme. Elegí ponerle el pecho. Bajar la cabeza hasta los talones o más bajo. Elegí quedarme y no escapar como lo hacía antes….Es muy duro perder todo y tener que empezar a armar las relaciones y la vida en general con nada más que broncas desde uno y restricciones desde afuera…..de a poco estoy encontrado la vuelta para no juntar tanto y plantear las cosas ya no desde la soberbia, prepotencia, la agresividad y el rencor en el cual solía estar parado todo el tiempo hasta hace unos meses….Logré también revertir con mi cambio de actitud la bronca que les generaba a la mayoría de la personas del tratamiento, los cuales hoy en día me dicen que me odiaban o que les parecía un imbécil. Trabajé o fui conociendo por lo que se habla en los grupos que hay otras maneras de resolver las situaciones…en forma mas serena y reflexionando….
Fase “B”: Resocialización. De cómo aprender a disfrutar de la adolescencia sin drogarse ni ponerse en riesgo, sobre la base de la negociación entre padres e hijos bajo la referencia de la institución.
Como todo yeso, éste lleva un tiempo y hay que sacarlo y comenzar a usar ese brazo antes lastimado en forma gradual, sin requerirle al principio grandes esfuerzos. Al principio va a dar miedo a que este se resienta nuevamente, pero el traumatólogo estimulará al paciente a que confíe en que es necesario y bueno comenzar a hacer ejercicios con el brazo recientemente soldado.
Los padres tienen que empezar a “soltar”, y a confiar en la responsabilidad y el autocontrol de los hijos. Se dan dos posibilidades:
1) los padres que son muy cautelosos y confunden la etapa “A” restrictiva con el hecho de que ellos se transforman en “dueños” de los hijos, sin tomar en cuenta que éstos son personas independientes con deseos, sueños, intimidad, conflictos e incluso diferencias. Algunas de estas familias tienen características autoritarias y de violencia. El trabajo terapéutico en los distintos espacios va ayudando a salir de esa rigidez que probablemente sea un patrón de relación previo.
M.Andolfi (Pág.26, 1982) se refiere de esta manera acerca de las familias rígidas: “Esto significa que una solución adecuada para determinada fase se repropondrá de manera rígida en otras. La adopción de soluciones previsibles e inmodificables lleva a un doble resultado: por un lado reduce y congela el espacio personal de cada miembro…y por el otro inmoviliza el tiempo, es decir provoca su detención en una fase del ciclo vital que corresponde a la solución aprendida”
A. de 17 años después de 14 meses de tratamiento por tener algunas materias bajas no le era permitido por los padres ni viajar solo ni verse con amigos ni siquiera en la casa. Éste a su vez mantenía comportamientos infantiles como pedir irse de viaje de egresados en forma de berrinches, que convencían a su familia de la pertinencia de que aquellos debían tomar ese tipo de medidas
2) los padres que dejan nuevamente en los hijos la responsabilidad de tomar absolutamente las decisiones, sin la posibilidad de ayudarlos a pensar en las salidas a través de la negociación y el diálogo. Renuncian nuevamente al rol de adultos todavía responsables del acompañamiento de la vida de sus hijos. Es ahí también donde la comunidad de padres y la institución quedan en la tarea de ayudar a estas familias a salir de este tipo de funcionamiento. M. Andolfi (1982) las denomina “familias en riesgo”, en las cuales el miembro designado permanece fluctuante, y el carácter estabilizador y cohesionador del sistema puede pasar a otra persona. Las funciones en estas familias no coinciden con la edad, un hijo puede llegar a cumplir la función paterna (hermano parentalizado)
M. de 19 años al poco tiempo de pasar a la fase B tiene un permiso aprobado por los padres de ir con un amigo a un recital de una banda que hace apología del consumo, donde el ambiente suele ser pesado y de riesgo. E. de 17 años va a un recital de los Rolling Stones por segunda vez en la misma semana con el aval de los padres con el pacto de no contarlo en el tratamiento para que nadie se lo pueda cuestionar.
En los dos casos queda delegada en la institución la responsabilidad de producirse algún cambio, lo que se convierte en un desafío para el equipo. Es ahí cuando resulta importante el trabajo coordinado con una estrategia en común entre los diferentes terapeutas, tanto los que coordinan los grupos como el de la terapia familiar, para apuntar al mismo objetivo con la familia. Esto produce un input muy fuerte que logra desestabilizar al sistema familiar para encontrar nuevos equilibrios y formas que permitan a sus miembros diferenciarse, ser autónomos pero dentro de una nueva estructura de vínculos más flexibles entre padres e hijos (M. Andolfi y otros 1982)
Los jóvenes ya asumen la responsabilidad de viajar solos y hacen experiencias recreativas sin el consumo de alcohol ni las drogas: encontrarse con amigos, ir a una casa a mirar una película, ir a un bar, ir a bailar y a recitales de música. Para todo esto tienen que conversar y negociar con los padres los permisos y charlar como se van a cuidar y que riesgos tienen en cada situación. Esto permite a las familias tener un entrenamiento y ejercicio muy importante en la comunicación, en el contacto entre padres e hijos y finalmente una cada vez mayor intensidad en la involucración mutua.
La institución, el resto de los padres y los pares de los jóvenes, también opinan sobre estos permisos, de manera de ayudar a cada familia en esta etapa de aprendizaje.
Los jóvenes comentan entre sí sus experiencias, cuáles sienten que pueden ser los riesgos y cuidados y a veces se recomiendan no hacer ese tipo de salidas
Al mismo tiempo el grupo de padres les ayuda a “abrir los ojos” y aumentar la sensibilidad y los alertas frente a aspectos que no se habían podido registrar previamente.
El equipo intenta no ponerse en el lugar de autoridad “científica”, lugar inductor desde algunas familias, que opinan que los profesionales “son los que saben”, ya que asumirían en ese caso una delegación que perpetuaría el patrón de relación familiar antes descrito.
El padre de O. de 18 años le pregunta al terapeuta en la entrevista familiar qué opina sobre la primera salida a un recital del hijo. Éste hábilmente no responde y logra hacer circular esa pregunta entre los demás miembros de la familia. O. pudo sincerarse de que se suele descontrolar en los recitales y el padre pudo expresar sus temores y como se queda más tranquilo si en esta primera salida va acompañado por su hermana. Se pasa en la entrevista familiar de un clima de baja tensión con una consulta al supuesto experto a un clima emocional intenso, donde aparecen los conflictos, las diferencias y los matices particulares de lo que siente cada uno.
Los padres se alientan entre sí a poder ser más flexibles con los hijos y poder confiar en ellos o de lo contrario se ayudan a tomar conciencia de aspectos no registrados y actúan como freno para ir más despacio y ser más cuidadosos.
Cada vez más la relación se fortalece, los hijos dependen de los padres para lo que quieren, y ya han asumido que no pueden desconocer, como hacían antes, lo que ellos sienten.
Pero los grupos y la institución siguen pesando en la reflexión de todos estos aspectos:
Un padre a su hija: “andá al grupo y fijate que te dicen con este recital yo lo voy ver en mi grupo” o una madre le refiere a su hijo: “pude ver en mi grupo que era demasiado que salgas hasta tan tarde dos noches seguidas”.
Poco a poco los padres se van autoafirmando, y la negociación se hace más real y auténtica sin necesidad de mediar la institución. El peso del grupo como referente para las decisiones y negociaciones se va corriendo de a poco hacia cada uno de los padres. Éstos le van dando un lugar cada vez más importante a sus propias convicciones y sensaciones. Este proceso gradual de apropiación trae aparejado la disminución de la expectativa de que los demás les resuelvan las decisiones en relación a los hijos.
A su vez los jóvenes van sintiendo el placer de disfrutar sin consumo y a medir las posibles consecuencias de un descontrol.
L. de 19 años comenta en el grupo que durante su salida con sus compañeros a un boliche bailable, pudo pasarla bien sin alcoholizarse. Antes, para poder acercarse a una chica, tenía que tomar alcohol para desinhibirse. Temía antes de salir que se iba a aburrir, que sin consumo era otra cosa, no fue muy entusiasmado. Por lo contrario, el estar lúcido y consciente le hizo descubrir otras sensaciones de bienestar. El hecho de estar atento a cualquier situación de riesgo (gente que consume, violencia) lo hizo sentir diferente, que podía cuidarse a sí mismo, ya que no quiere ser el barrilete que era antes.
A veces es necesaria una recaída para confirmar y vivir de nuevo lo que trae aparejado : la defraudación de la familia, de los compañeros, las consecuencias institucionales (volver a una fase anterior), tener que reparar las normas rotas, tener que hacerse cargo frente a los pares de dicha situación, vivir nuevamente restricciones y especialmente la propia decepción consigo mismo.
Como dije anteriormente, este proceso de responsabilización del adolescente que se da en esta etapa, recuerda el proceso de crianza de los niños cuando se les van pasando gradualmente las “postas” del autocuidado y autocontrol: ir al baño solitos, cortar con cuchillo, cruzar solo una calle, ir solo a la escuela. (Ravazzola M. C., 1997). Ese temor que tienen los padres de si ¿lo podrá hacer solo? que los lleva a pegar un vistazo la primera vez que cruzan solos, es similar a lo que van sintiendo en esta transición con sus hijos en relación a si van a poder socializarse sin volver al consumo, recuerdo nefasto y aterrador que no quieren volver a vivir.
Autoevaluación del Joven E. de 17 años antes de pasar a la etapa “C”:
Fueron catorce meses en los que adopté gran diversidad de posturas respecto al tratamiento, como a mi familia, amigos, colegio, pero principalmente en relación a mi vida. Realmente no disfrutaba de nada en mi vida, no valoraba, no respetaba, no cuidaba, no me valoraba, no me respetaba, y no me cuidaba, no me permitía sonreír por las cosas que me daban gracia o que me alegraban, ya que no me permitía que nada me alegre…pero muchas cosas empezaron a cambiar en mi persona, muchas de las cuales me asustaron y otras aliviaron, pero de todas creo algo haber aprendido.
Me di cuenta que uno hace de su vida lo que quiere y que es más lindo levantarse una mañana con una sonrisa y disfrutar de un desayuno, aunque sean la siete de la mañana por una reparación y me esté muriendo de sueño…
Respecto a mi familia, empezó a ser un avance desde que volví a llamarlos “familia”a mis padres, ya que antes para mí no lo eran, luego el empezar a establecer vínculos con cada uno de ellos, aunque a veces sea complicado. Hoy en día puedo decir que los quiero, a pesar de discusiones, desacuerdos, límites y demás cosas. Trato de confiar y hacerlos partícipes de mi vida, cosa que antes no hice nunca.
Con mis hermanos yo creía que no había muchos problemas, al menos de mi parte, pero me enteré que llegué hasta darle miedo a mi hermana, cosa que realmente me pegó duro, ya que yo siempre la quise….
Fase “C”: Autonomía y desprendimiento: de cómo cada familia sigue el camino de la vida…
La etapa ”C” es el último tramo de este proceso desde el cual se va normalizando la vida del adolescente y su familia. Las normas las van redefiniendo en conversaciones y negociaciones entre padres e hijos. Las salidas y permisos se charlan sólo dentro del ámbito familiar. Ya la institución no funciona como parte de esta dinámica, en la cual en definitiva se juegan los vínculos intrafamiliares. Las normas institucionales tenían como objetivo reordenar sus vidas, en esta etapa la idea es que cada joven pueda dialogar con su familia e ir consensuando algunas pautas, que le permitan una mayor responsabilidad y autonomía, por ejemplo en la asunción del manejo de los horarios y del dinero.
B. de 19 años. en la etapa “A” debía levantarse todos los días a las 8 y acostarse a mas tardar a las 24hs. En la etapa “B” podía pedir permisos de horarios, por ejemplo un día salir con sus amigos y volver mas tarde. En esta etapa “C” acordó con los padres que él comenzaba a manejar sus horarios bajo su responsabilidad, salvo en las salidas en las que iba a comentar a que hora iba a volver.
A. de 18 años en las etapas anteriores debía rendir todos sus gastos de dinero, y no podía tomar ninguna decisión con el mismo sin antes hablar con sus referentes. En esta etapa “C” negoció con la familia el disponer de una suma de dinero fija semanal con la cual él se hacía cargo de regular sus gastos.
En esta etapa se observa que en los casos de familias mas rígidas o mas laxas, en los cuales la delegación siguió puesta en la institución, y no se pudo hacer un buen traspaso a los padres, vuelven a algunos modos de relación que tenían antes de venir a Proyecto Cambio. Son los casos de los padres que al retirarse la institución de la negociación y la conversación sobre los permisos de los hijos, vuelven al patrón de relación anterior: depositan en sus hijos la total responsabilidad, dependiendo de éstos el criterio de evaluar lo que está bien y está mal. Algunas veces el adolescente avanzó en esto más que los padres y asume una adultez prematura. En otros casos a través de alguna recaída da la señal de que necesita todavía un cambio de los padres.
M. de 18 años estaba en un trabajo nocturno en un medio de comunicación, tenía totalmente dados vuelta los horarios, a veces no volvía a su casa, o no se sabía donde estaba. Todavía no había terminado la secundaria. A los padres les parecía bien el trabajo que le ofreció el primo ya que ganaba buen dinero y tenía un porvenir. Finalmente le contó a un compañero de su grupo que estuvo consumiendo alcohol, lo cual desembocó en pedir ayuda a la institución.
En otros casos los padres se relacionan con sus hijos con la expectativa de que actúen como ellos quieren, satisfaciendo expectativas y sueños que no son propios del adolescente, son las familias que no toleran la diferenciación y la autonomía. Esto da como resultado o un sometimiento del hijo a estas pautas sin poder individuarse de los padres, o, por el contrario, una permanente reactividad y vuelta a situaciones de riesgo.
J. Haley (Pág.52, 1980) refiere que “el terapeuta debe aceptar que la conducta excéntrica y loca es, básicamente, una conducta protectora. No importa lo extraña, violenta y extrema que sea esa conducta, su función es estabilizar a la organización. Desobedecer es en sí una manera de obligar a un grupo a que se organice en forma más estable.”
Las dificultades que aparecen en esta etapa tienen más que ver con cuestiones inherentes a dinámicas familiares previas al tratamiento, circuitos repetitivos que no se hacían tan visibles en las etapas anteriores cuando la institución estaba más presente. Esto da la oportunidad de abordarlas y lograr desestabilizar estos viejos equilibrios para poder lograr un cambio estructural en la familia, y no sólo del miembro designado. Esto es lo que P. Watzlawick (1974) definió como Cambio “2” y Cambio “1” respectivamente En el Cambio “1”, los parámetros individuales varían de manera continua pero la estructura del sistema no se altera. En el Cambio”2”, el sistema cambia cualitativamente y de una manera discontinua. Se producen cambios en el conjunto de reglas que rigen su estructura.
En esta etapa los padres van tomando conciencia de que depende sólo de ellos el tipo de relación que van a mantener con el hijo, que se aproxima a la finalización del tratamiento, y la calidad del vínculo es diametralmente diferente. Pudo hacer un fuerte ejercicio en un trato y comunicación diferentes. Si se intranquilizan, pueden acercarse al hijo y charlar, transmitiéndole sus miedos. Se sienten con el poder suficiente para ejercer la autoridad e influir sobre ellos. Este proceso de empoderamiento fue paralelo al que hicieron sus hijos de dejar de comportarse como pseudo-adultos.
Los jóvenes se sienten responsables de sus actos y de las consecuencias que les puede aparejar el no controlar sus impulsos, pero principalmente a nivel emocional, están involucrados en una intensa relación con sus progenitores. Ya el pensamiento de ellos no les es indiferente, se hacen cargo del afecto positivo que sienten hacia ellos, y les costaría volver a mentirles.
De todos modos tienen un deseo de tener un proyecto propio, y una necesidad de autoafirmación y construcción de una identidad como cualquier adolescente, pero ahora por senderos que no impliquen la autodestrucción y el caos, sino el dar pasos propios que sirvan de experiencia para desarrollarse como personas, que puedan transitar por este mundo con cautela y animándose a la innovación y creatividad y en definitiva a lograr ser ellos mismos, que es lo que originalmente buscaban cuando se drogaban.
Quiero terminar este artículo con estas palabras de M., una mamá que finalizó el tratamiento:
Pienso en la cantidad de situaciones de peligro que se encontró este hijo mío, sin tener la menor conciencia, o si la tenía no le importaba. Tampoco le importó el riesgo en que nos ponía.
¿Y todo esto pasaba porque P. era una mala persona?,¿ Porque no nos quería? De ninguna manera, éste es el submundo de la droga, donde nadie tiene nombre, donde todo es lo mismo, donde no hay valores, no hay ética ni moral. A ninguno de ellos les importa nada que no esté relacionado con la droga y cómo conseguirla. Y cuánto sufrimiento hay encerrado en ello.
No son nuestros hijos los que hablan, actúan, piensan, son las sustancias que llevan encima, y que deciden por ellos.
¿ Y nosotros, los padres, dónde estábamos?. En otra parte o mirando sin ver, con seguridad para el lado incorrecto.
Y comenzamos a dar nuestros primeros pasos hacia la recuperación de nuestro hijo. Lo amamos, “somos responsables” (no culpables) de lo ocurrido y por eso estamos aquí juntos, con la certeza de que no será fácil el camino por recorrer, pero con la convicción absoluta de que juntos, saldremos de este infierno hacia la luz.
Han pasado casi dos años, ya no me tiembla el pulso al escribir, me siento serena, reflexiva, segura, en paz conmigo misma. Ya no corro, camino. Ya no quiero más bronces, sólo me interesan los diplomas de mamá, esposa, hija, amiga, y el poder disfrutar de esas pequeñas cosas de la vida cotidiana (¿pequeñas?) de las que habla Serrat.
¿P.?, fue sólo el emergente, “la voz” que pudo gritar sin palabras el caos y la incomunicación en la que vivía nuestra familia.
¿Porqué será que siempre necesitamos llegar a “situaciones límite”, para poner el stop y rebobinar?. ¿Es necesario llegar al borde del abismo?
Aprendimos a aceptar a nuestro hijo tal como es, y no como nos hubiese gustado que fuera. Aprendimos a tolerar las diferencias y a acercamos en las coincidencias Aprendimos a amarnos con responsabilidad, con límites, con respeto, sin agresiones gratuitas que lo único que generan son más agresiones.
Cada golpe logró fortalecernos más y más, seguimos adelante con amor pero firmeza, juntos, sin aislamientos ni rótulos, en equipo, en familia.
Gracias a los grupos de Padres, donde nos vimos reflejados miles de veces como en espejos multifacéticos ,de perfil, de frente y de espaldas, donde el otro nos devolvió todo: lo que nos gustaba escuchar y lo que por tan doloroso nos enoja y no podíamos digerir, siempre desde el amor, la solidaridad y el respeto.
¿Que la familia es una institución en extinción?, ¡ni ahí!, como dirían nuestros hijos, sin familia somos parias, no existimos.
Hoy somos una familia, mi mayor orgullo, cada uno ocupa (como puede, como le sale), el lugar que le corresponde, no hay espacios vacíos. Mis hijos son mi mayor fortuna, son muy distintos, pero ambos poseen valores que los convierten en seres humanos maravillosos.
Cada uno de nosotros ha podido demostrar con hechos y no sólo con palabras, el amor que siente por el otro.
Cada uno de nosotros ha tenido la posibilidad y la fortuna de poder cambiar y darse otra oportunidad por el otro al que ama.
Ya no se escuchan gritos, insultos, malos tratos ni hay violencia, nos hablamos en voz baja, para que el otro pueda escuchar, con respeto, con amor.
¿La familia perfecta?, no, simplemente la que elegimos para seguir viviendo, luego de un largo aprendizaje de ensayo y error.
P. es hoy un adolescente feliz, alegre, sano, lleno de “proyectos de vida”, y sobre todas las cosas LIBRE, libre de poder elegir, de poder equivocarse, de caerse y levantarse tantas veces como sea necesario, libre de decir “No, esto no lo quiero más”.Tiene los conflictos propios de su edad, que no son pocos, pero ya no se esconde, ya no escapa, ya no miente, no es necesario, hoy puede y podemos poner en palabras nuestras angustias y nuestros miedos.
Sabe que cuenta y contará con nosotros siempre, pero ya no incondicionalmente, hoy ponemos condiciones, estamos dispuestos a seguir peleándola juntos pero de frente, no más droga, no más alcohol, no más estafa, no más mentira, no más esclavitud. Seguramente el tiempo cicatrizará nuestras heridas y el dolor desaparecerá, pero no olvidaremos. Aquellos que olvidan corren el riesgo de repetir, sólo pido a quienes me aman que no me permitan olvidar.
Notas
(1)La Fundación Proyecto Cambio fue creada por el Dr. Gastón Mazieres y la Lic. Susana Barilari como un modelo de tratamiento ambulatorio en drogodependencia, después de haberlo hecho anteriormente en el Programa Andres de Carlos Novelli. Ellos fueron llamados entonces para trabajar con familias frente a las dificultades que surgían en la reinserción después de un largo período de aislamiento en una granja.
(2) La supervisión es externa y está a cargo de la Dra. Cristina Ravazzola.
(3)Es la construcción de escenas o imágenes de la familia a través de “fotografías estáticas” o de “esculturas moldeadas” iluminando aspectos relacionales hasta entonces poco notables.
(4)M.C. Ravazzola- Contribución.
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por Marcelo Raul Choclin(**)
El amor no es un fenómeno biológico raro ni especial, es un fenómeno biológico cotidiano. Mas aún, el amor es un fenómeno biológico tan básico y cotidiano en lo humano, que frecuentemente lo negamos culturalmente creando límites en la legitimidad de la convivencia en función de otras emociones. Así , por ejemplo, toda dinámica de crear conciencia de guerra (ocurre cuando hay lucha con el otro), consiste en la negación del amor, que abre paso a la indiferencia y luego en el cultivo del rechazo y del odio que niegan al otro y permiten o llevan a su destrucción. (Maturana H., 1990)
Este artículo destaca cuánto es de fundamental, dentro de un proceso de rehabilitación en drogodependencia ambulatorio de jóvenes adolescentes y en el trabajo con sus familias, que los terapeutas puedan evitar hacerse cargo de la delegación automática y natural a la que tienden los consultantes en la búsqueda de un experto que se haga cargo de una situación que los sobrepasa.
Esto se puede lograr a partir de un trabajo minucioso en detectar el tipo de relación que se va estableciendo tanto con el joven como con su familia, en el cual se tratará de evaluar el grado de expectativa puesta en el “saber profesional”. Esto permitirá devolver en cada acto terapéutico la responsabilidad a los mismos, logrando que en forma creciente puedan utilizar y valorar sus propios recursos, reinvolucrándose en la relación familiar de manera que se conviertan ellos en los principales actores y “sabios” que puedan lograr el cambio positivo.
*Quiero agradecer a M.C.Ravazzola, Susana Barilari, Gastón Mazieres y al resto del equipo de Proyecto Cambio por el privilegio de compartir con ellos esta cotidiana tarea de ayudar a las familias que nos consultan.
**Licenciado en Psicología, terapeuta familiar y grupal de la “Fundación Proyecto Cambio”. mchoclin@hotmail.com
Para esto voy a describir herramientas y dispositivos como parte de una particular visión sobre cómo lograr que padres e hijos reasuman sus propias capacidades y riquezas dentro del cofre de la idiosincrasia de cada familia.
Palabras Claves: Delegación – Reinvolucración – Relación horizontal – Protagonismo - Autonomía
From the delegation to the reinvolvement of the family in a drug rehabilitation outpatient program for young adolescents
This article highlights how it is crucial in a drug rehabilitation ambulatory program for young adolescents, in working with their families, that therapists can avoid the delegations that naturally the consultants do in the search of an expert who takes over a situation that surpasses them.
This can be achieved from a thorough job in detecting the type of relationship that is established both with the young and with his family, which seek to assess the level of expectation placed on the "professional knowledge". This event will return in each therapeutic act responsibility to them, helping them in using and valuing their own resources, getting involved in the family relationship so that they become main players and "wise people” who can achieve positive change.
For this I will describe tools and devices as part of particular vision of how to help parents and children reassuming their own abilities and treasures within the chest of the idiosyncrasies of each family.
Keywords: Delegation - getting involved -Horizontal relationship - Self-ownership -Autonomy
Introducción
En la historia del abordaje terapéutico de la problemática de la drogodependencia se ha visto necesario el trabajo terapéutico familiar, debido a que el joven está incluido en un contexto familiar, con el cual comparte un patrón de relación que colabora en la perpetuación de esta sintomatología (Stanton M. D. y otros, 1988). A partir de sucesivos fracasos luego de arduos procesos terapéuticos en los que solo se abordaba al adicto, se observó que pese a los cambios individuales, el mantenimiento de un tipo de relación familiar que quedó intacta, promovía las condiciones para la vuelta al consumo y a conductas de riesgo. Es en esta instancia donde la terapia familiar pasa a formar parte de un abordaje múltiple, que incluye la terapia con la red más amplia, el trabajo terapéutico grupal con los pares que comparten la misma problemática y grupos de autoayuda con los que tienen una relación complementaria con el paciente: padres, novios/as, hermanos, amigos. El eje de cambio no es solo el drogodependiente, sino su contexto familiar y de red mas amplia, los cuales pasan a ser fundamentales en el éxito del proceso (Barilari S. y otros, 2004).
Este artículo trata de transmitir la importancia que tiene dentro de un proceso de rehabilitación en drogodependencia ambulatorio de jóvenes adolescentes, en el trabajo con sus familias, que los terapeutas eviten asumir la delegación automática y natural a la que tienden los consultantes en la búsqueda de un experto que se haga cargo de una situación que los sobrepasa.
Esto se puede lograr a partir de un trabajo minucioso en detectar el tipo de relación que se va tejiendo entre los terapeutas con el joven y su familia. A los mismos tienen les queda la ardua tarea de devolver en cada acto terapéutico la responsabilidad a los mismos, logrando que en forma creciente puedan utilizar y valorar sus propios recursos, reinvolucrándose en la relación familiar de manera que se conviertan ellos en los principales actores y “sabios” que puedan lograr el cambio positivo.
Para esto voy a describir herramientas y dispositivos como parte de una particular visión sobre cómo lograr que padres e hijos reasuman sus propias capacidades y riquezas dentro del cofre de la idiosincrasia de cada familia. El concepto de resiliencia familiar permite entender el enorme potencial de las mismas para enfrentar situaciones de adversidad (Walsh F., 2005)
Proyecto Cambio (1) surge como alternativa hace mas de diecisiete años frente a las dificultades que aparecen en la fase de reinserción social y familiar después de largos períodos de internación. Los jóvenes al volver al contexto social y familiar original sucumbían a los mismos factores que colaboraron a mantener el consumo en el pasado. Esto derivó en la posibilidad de crear un tratamiento para una población principalmente de clase media urbana , que evite la internación a partir del acompañamiento familiar, a manera de contención, para posibilitar primero la abstinencia y luego el cambio de hábitos y patrones relacionales de los jóvenes. No se los saca de su contexto original, y necesariamente se trabajan durante todo el proceso los aspectos que complementan el comportamiento sintomático del paciente designado. (Stanton M. D. y otros, 1988).
El programa de rehabilitación integra a los miembros de la familia en una organización ambulatoria en al que participan los adictos en recuperación, sus padres, las novias, hermanos y amigos en grupos de autoayuda y entrevistas de terapia familiar de orientación sistémica. Todas estas tareas están interrelacionadas entre sí, conformando una unidad estructural de compromiso familiar múltiple.
Este abordaje múltiple involucra distintas disciplinas desde áreas bio-psico-sociales, recreativo-artísticas, comunitarias y educativas. Integra profesionales de estas disciplinas como personas que han sufrido y superado experiencias de adicción-exadictos o adictos recuperados- y padres que han pasado por el programa. (Barilari S. y otros, 2004).
El equipo: una relación horizontal con el otro
Podemos destacar la importancia que tiene para los coordinadores de los programas de rehabilitación la relación con el joven y su familia, que incluya tanto el respeto, el no juzgamiento como la apreciación positiva. Para eso necesitamos permanentemente chequearnos en la relación con el otro, en que posición quedamos ubicados, si desde arriba como dueños del saber o desde un plano mas horizontal. Verificamos frecuentemente que si el terapeuta le confirma a la familia su papel de experto, los padres tienden a “descansar” en que “hay quién se ocupe” con pericia de sus hijos, lo que desemboca en la confirmación de que ellos no son aptos en la salida de esta problemática, tal como venían mostrando todos los años anteriores. (Ver ejemplo)
G. de 18 años pasa largas horas en la casa jugando a la play station, aislándose, de mal humor, encerrado en sí mismo, no colabora en las tareas de la casa, cena solo en su habitación, esta situación crea una clima tenso con la familia. Los padres traen esta situación a la entrevista familiar en forma de queja con el hijo. El terapeuta siente que está delante de un rey con sus dos súbditos, y que el cumpliría el rol de justiciero Siente que ellos esperan que lo rete o lo cambie a G. en sus actitudes. Lo pone al joven en una silla con varios almohadones como haciendo de trono, y a los padres los sentó en el piso, y les transmitió la escena- metáfora de la interrelación- que se le armaba. Esta amplificación incomodó enormemente a los padres, subiendo la tensión de ellos con el hijo. Se continua la conversación desde esta escena, por ejemplo: ¿consultaron con el rey…?
Lyn Hoffman (pag.35-36, 1996) refiere que “todo indica una preferencia por un proceso de influencia mutua entre consultante e investigador, en vez de por un proceso jerárquico y unidireccional. Este enfoque cuestiona sobre todo el elevado status del profesional”
La inclusión en el equipo, luego de un período de capacitación y entrenamiento, de operadores socioterapéuticos, “exadictos”, que han terminado un tratamiento y se han recuperado, y de familiares, generalmente padres que han acompañado a sus hijos y que se convierten en coordinadores de los grupos de padres, es necesaria para acercarnos desde la propia experiencia. El hecho de que hayan vivenciado de cerca el proceso como protagonistas les permite llegar a los jóvenes y sus familiares, de una manera directa y concreta con lo que ellos han vivido, lo que crea un puente y una confiabilidad, que facilita la apertura de los mismos.
Se suman los testimonios de jóvenes y padres que están avanzados o han terminado el
Tratamiento, que están dispuestos a colaborar con los que recién empiezan, enriqueciendo con frescura la motivación, la esperanza y la posibilidad de poder hacer los cambios necesarios. Ellos mismos en esta ayuda refuerzan y confirman las transformaciones que han hecho.
Este clima de autoayuda, donde no hay alguien que se postula como el poseedor del conocimiento cuestiona los aspectos omnipotentes de los profesionales.
Podríamos decir “que predomina el prefijo”co” para describir la conversación terapéutica (co-autor, co-evolución)”, (Lyn Hoffman, pag. 35 1996). Un corolario de esta posición es la vigencia de la supervisión (2) y de la auto mirada continua del self de los coordinadores y un permanente entrenamiento del terapeuta y del equipo: cómo se ve ubicado en la escena terapéutica, qué lugar ocupa para el otro, que efecto produce con su participación. Para esto es fundamental el registro de los propios procesos internos.
En el ejemplo anterior el terapeuta pudo registrar en sí mismo una cierta incomodidad a partir de que los padres de G. esperaban de él: que “corrija” al hijo, también sentía la actitud altanera y desafiante de G., lo cual le inducía cumplir ese papel de “educador”. Es entonces cuando quiere salirse de este juego relacional que le propone la familia y a partir de la imagen que se le creó, les hace hacer una “escultura” (3) del “reinado de G.” logrando que los miembros de la familia se tensionen y puedan verse en ese tipo de relación: los padres sometidos a un hijo con mucho poder, es decir logra pasar la tensión a la familia. (Ravazzola M. C. y Mazieres G., 1986).
En esta tarea, la confrontación con lo que vamos sintiendo en la relación con los consultantes nos dará la llave para no quedar atrapados en lo que nos define la familia. Antes que técnicos en la materia, somos personas que están involucradas emocionalmente en la situación terapéutica. Coincido con Whitaker Carl A. (pag.51, 1991) cuando dice que”Debemos enfrentarnos con la vida y con nosotros mismos antes de poder ver por debajo de la superficie. Debemos tener acceso a nuestros propios impulsos, intuiciones y asociaciones. Tan solo después de haber luchado con usted mismo podrá llevar su persona, no solo el uniforme de terapeuta, al consultorio”.
La no asunción de la delegación ya se ejerce desde un comienzo cuando el equipo se plantea esta particular manera de relación con los consultantes.
El clima de trabajo dentro del equipo, donde impera el buen humor, el libre pensamiento, la no directividad, el trabajo y coordinación en conjunto, es fundamental para transmitir a los jóvenes y sus familias una sensación de respeto y cooperación.
Esta necesaria coherencia del equipo es similar a la que pueden transmitir o no los padres a los hijos. Si aquellos pelean, hacen alianzas con los hijos por fuera del otro adulto, esto se verá reflejado un poco mas, un poco menos en el desarrollo personal de cada hijo (Andolfi M. y otros, 1982).
Partiendo de la aplicación del pensamiento sistémico a prácticas comunitarias el tratamiento tiene fundamentalmente el eje continuo durante todo el proceso de la terapia familiar desde un abordaje específico diferente a lo que se hace en otros ámbitos: apunta a ayudar al joven, a través del cambio de patrones de relación dentro del ámbito familiar pero en fuerte coordinación con lo que ocurre en el resto de los espacios terapéuticos, lo que se definiría como un abordaje múltiple. (Barilari S. y otros, 2004).
Estos otros espacios son fundamentalmente los grupos de pares donde el joven se inserta y ejercita una nueva pertenencia que reemplazará en parte a la anterior del consumo y el grupo de padres donde los mismos tienen un espacio para reflexionar sobre sí mismos en esta difícil tarea de acompañar a un hijo en tratamiento.
El mismo objetivo tienen los grupos de hermanos, de novio/as, amigos. Es importante destacar la idea de red (Dabas, 1993) como sustento mas amplio que la familia, que puede incluir otros parientes, vecinos, empleadores, amigos, los cuales son verdaderos promotores de la resiliencia individual del joven y también de su familia. (Ravazzola M. C., 2001).
Cada uno de estos espacios grupales facilita y colabora con los cambios necesarios de cada miembro de la familia. El espacio familiar es el ámbito privilegiado y singular donde estos distintos actores: padres, hermanos, paciente identificado, nos muestran en escena sus cambios y sus trabas a través del tipo de interacción que van teniendo entre ellos en los diferentes momentos del proceso.
Es fundamental durante este proceso para el trabajo con estas familias el no asumir la delegación automática y natural a la que tienden las familias al ubicarnos como expertos.
Esto se da dentro de una cultura en la que los roles y funciones, van reemplazando a las personas, empobreciendo la complejidad de recursos de cada ser humano.
Por eso uno de los instrumentos fundamentales para lograr no asumir la delegación y consecuentemente lograr de parte de padres e hijos una reinvolucración es que los terapeutas asumamos que no solo somos una función terapéutica, sino también somos personas que sentimos, nos angustiamos y nos enojamos. La distancia profesional favorece que se vea nada más al terapeuta en sus aspectos profesionales y ratifica la expectativa de “cientificidad”, pero frustra a la vez la necesidad del consultante de sentirse acompañado y apoyado en forma cálida y cercana en pos de la confianza y apertura personal.
Tomando a M. Andolfi (1982) la familia le propone al terapeuta un libreto que lo trata de definir en la relación en base a sus expectativas (delegación), evitando cada miembro de la familia en la interacción terapéutica asumir las contradicciones que cada uno tiene que vivir en el nivel personal. Si el terapeuta acepta este guión familiar pasa a cumplir una función estereotipada que refuerza el patrón de interacción en el cual se inserta la conducta sintomática, conservándose las funciones que juega cada uno en el sistema sin la posibilidad de que puedan descubrir en sí mismos nueva alternativas que los conectan como personas fuera de aquellas. Si el terapeuta acepta la asignación le termina pasando lo mismo que a la familia, desea la estabilidad de la relación por temor a descubrir en sí mismo expresiones nuevas que pueda representar en la relación con los demás. Se trata de inventar con la familia una verdad nueva. “…Si el terapeuta no quiere quedar prisionero de la expectativas que en él se depositan, debe tener la capacidad de deslindar sus propias fronteras de las fronteras de la familia, oponiéndosele desde un comienzo en la definición de la estructura terapéutica…” (Andolfi,1982, pag. 30). Para esto el terapeuta deberá entrar a los espacios familiares más recónditos pero también tomar distancia y regresar a sus propios espacios: entrar y salir, participar y separarse.
Durante la entrevista familiar un papá esta preocupado acerca de como se va a cuidar T. de 17 años en su primera salida. Se propone que conversen los padres de sus temores con el hijo. Al rato estos se emocionan y se ponen a llorar frente al descubrimiento de que T. tiene varias ideas propias para cuidarse y tiene una buena disposición al diálogo. Es la primera vez después de mucho tiempo que reciben del hijo una respuesta responsable consigo mismo que no sea la rebeldía. Los terapeutas, que los vienen acompañando hace varios meses, también se emocionan y comparten sus sentimientos y alegría por los cambios.
El profesional no es ajeno a los fuertes climas emocionales que emergen durantes el proceso, sabe que permiten la apertura de nuevas alternativas en las relaciones, y rompe con cierto funcionamiento estereotipado entre padres e hijos. El lograr desarrollar ciertas intervenciones a través de por ejemplo recursos psicodramáticos (Ravazzola M. C. y Mazieres G., 1986).o diálogos vinculares (puesta en acto, Minuchin S., 1984) favorece el contacto emocional. El hecho que el profesional también pueda emocionarse junto a la familia, y no se lo autocensure intensifica el contacto con la misma (joining) y esto no hace que quede absorbido como uno más del sistema, ya que tiene en su mente que lo emocional es un elemento significativo del proceso terapéutico y la posibilidad de lograr cambios.
H. Maturana (pag.14, 1990) describe a las emociones “como disposiciones corporales dinámicas que definen los distintos dominios de acción en que nos movemos. Cuando uno cambia de emoción, cambia de dominio de acción. En verdad, todos sabemos esto en la praxis de la vida cotidiana, pero lo negamos, porque insistimos en que lo que define nuestras conductas humanas es su ser racional.”
En este mismo plano horizontal, emocional y humano, en el cual el eje es la relación, es prioritaria la sensibilización y la conexión, el espíritu compartido entre las personas que padecen la misma dificultad o van dando los mismos pasos. El motor de los cambios se da fundamentalmente en este clima que se respira de ayuda mutua. Solo se puede apreciar el grado de movilización que se gesta en un grupo vivenciando en el mismo la intensidad del compartir los mismos padecimientos y temores. Esto rompe con una de las características que tienen las personas que padecen problemáticas de abuso, y a la que tiende hoy nuestra sociedad con el individualismo y el debilitamiento de los lazos de solidaridad, que es el secreto, es decir que quede todo “entre casa”, “no sacar los trapitos sucios al sol”: el aislamiento del sufrimiento frente a un tercero. (Ravazzola, M.C., 1997).
El adolescente como explorador de nuevos territorios
El adolescente es un explorador de nuevos territorios que anhela experimentar situaciones diferentes a las vividas en la infancia dentro del marco protector familiar. En esta búsqueda de identidad, de responder a la pregunta ¿Quién soy?, ya no alcanza con las respuesta de mamá y papá, necesita apoyarse en nuevos códigos y valores que lo hagan sentirse dueño y autoridad de esa elección y de la defensa de la misma. Encontrar un grupo de pertenencia que le ofrezca el apoyo y la plataforma para hacer ese despegue es fundamental para esta diferenciación.
En esa aventura por nuevos terrenos, donde hay otros climas, otros relieves, otro idioma, otros paisajes, el joven puede ser cauteloso, ayudado por la referencia familiar:
1) construyendo una “conciencia” que se fue constituyendo con la incorporación de normas y criterios que le permiten tener una señal de alarma frente al peligro,
2) a través de la presencia cotidiana de los padres, con límites, valores, pautas. Mientras los padres no terminan de ver a sus hijos como definitivamente desarrollados y aptos para tomar en todos los casos buenas decisiones, necesitan estar en contacto con él. El mantener algún canal de comunicación y la supervisión de algunos aspectos de este nuevo territorio que transita el hijo: amigos, hábitos, horarios, responsabilidades, son maneras que tiene el adulto de acompañarlo en este “viaje”.
Si algo de esto no ocurre el joven con su enorme energía y su cuerpo desarrollado de persona grande, no mide los riesgos, las inclemencias y peligros de esta exploración y se zambulle rápidamente en el océano de lo que le ofrece la nueva realidad.
La referencia interna y externa como marco regulador de estas novedades es débil. El adolescente se las arregla para desconocerla y cuestionarla desacreditando lo que puede venir desde el ámbito familiar. Se siente grande y que él sabe lo que quiere, lo que le gusta, y se siente con mas fuerza que los padres: “nadie me saca de aquí”.
Pero en realidad se comporta como un niño chiquito que no registra los peligros de “poner los dedos en el enchufe”, le deja esa tarea a los otros, como eternos responsables y cuidadores. Se sienten grandes pero se conducen como chiquitos. Queda delegado en la familia la tarea y el registro del cuidado y autocontrol.
Es posible que la familia lo ejerza sin lograr encontrar la manera de traspasarle esa “posta” a los hijos adolescentes: estudian por ellos, van a hablar con los profesores para defenderlos, son gestores de sus diversiones y placeres, toleran el maltrato como conducta normal en los jóvenes de hoy. A su vez les van aceptando “el ser vagos”, la pasividad y la falta de colaboración como parte de lo que se tiene que vivir todos los días con los hijos. Los padres se convierten en agentes que nutren todas esta “necesidades”, y están al servicio de los hijos, en una idealización de la adolescencia “que tienen que vivir”.
Es en este patrón relacional donde se van gestando las conductas abusivas del adolescente, plataforma de lanzamiento para el consumo de drogas y las conductas de riesgo.
Los padres, a su vez, pueden llegar a convencerse de esa fuerza y convicción como si sus hijos fueran adultos hechos y derechos, con la capacidad y la claridad para tomar sus propias y autónomas decisiones. Pero a la vez minimizan y toleran los aspectos infantiles y riesgosos, quedando los hijos a expensas de sus propios impulsos sin una brújula que los oriente en una dirección correcta. El gradual traspaso de responsabilidades desde padres a hijos (“posta”) quedó trunco. (Ravazzola M. C., 1997)
Pareciera que los padres no saben que hacer, que les faltó un modelo de aprendizaje en el cual apoyarse. Muchos vienen de vivir como hijos con sus propios padres una relación muy diferente de lo que hoy se vive con los adolescentes. Quizás la autoridad estaba más clara, y más allá de que como adolescentes también necesitaron transitar situaciones de rebeldía y diferenciación, el grado y margen de cuestionamiento, y la conductas de peligro que se permitían vivir eran menores.
No tienen la plena conciencia de que sus hijos en realidad, están confundidos, agrandados en este vuelo exploratorio, sin el registro de que se pueden chocar o caer, y que puede ser demasiado tarde. (Cancrini L. 1991)
Es cuando esta etapa de exploración y experimentación necesaria de la adolescencia se transforma en un viaje a lo desconocido sin destino, donde en la búsqueda de respuestas y certidumbres es necesario pasar por experiencias cada vez más fuertes para lograr encontrar alguna suerte de referencia.
La cultura consumista, que hoy se vive cada vez más, estimula a los adolescentes a buscar experiencias placenteras y evasivas como símbolo del bienestar y la plenitud. Esto refuerza sea el vínculo con su grupo de pares, mayor es su indefensión, es decir su adicción”.
De desatender la escuela, las horas de sueño, la alimentación, se pasa a largas horas de este camino alocado y descontrolado, que en realidad termina siendo un síntoma de nuestro sistema social actual, en el cual los adultos no queremos ver que estamos absolutamente implicados.
Los jóvenes que experimentan con drogas viven este camino en forma desenfrenada y caótica como emblema de ellos mismos, como bandera propia, “los demás son caretas”. No pueden registrar que son usados por un circuito económico en una cadena, en la cual son el último eslabón.
Esta búsqueda sin fin, incluye una escalada cada vez mayor, con el consumo de nuevos tipos de drogas y la vivencia de nuevas situaciones de riesgo. De fumar marihuana y abusar del alcohol, pasan a la cocaína, éxtasis, psicofármacos, hongos.
Es lo que Duncan Stanton (Pág.37-38, 1991) refiere como seudoindividuación: “el adicto participa de un patrón homeostático de ida y vuelta entre sus pares y el hogar…las relaciones del adicto con la cultura de la droga en realidad refuerzan su dependencia respecto de la familia. Una vez más las relaciones externas se pueden considerar como el escenario para una conducta seudoindependiente y seudocompetente por parte del adicto. Paradójicamente, cuanto mayor ausencia del hogar en lugares desconocidos, a robar, ir a la villas a comprar droga y el tentarse con juntarse con los jóvenes más representativos de esos códigos, momento en el cual la frontera se confunde con lo delincuencial.
Estas diferentes situaciones van dando señales fuertes a la familia, como si quisieran despertar a los padres de una anestesia emocional de “no pasa nada”. (Ravazzola M.C., 1997). Estas huellas pueden ser desde dejar rastros de droga en la casa, robarles cosas, estar violentos, indiferencia, hasta llamadas de la escuela por la conducta, detenciones de la policía por tenencia o robo, un accidente o un problema de salud.
Hay familias que hoy en día tienen normalizado el abuso de alcohol y el consumo de marihuana. Por lo cual no se alarman, quizás por que ya lo hicieron ellos en su juventud, o lo siguen haciendo. Es ahí que hay que esperar que ocurran hechos más graves para que cunda la alarma.
Es en ese momento cuando hacen la consulta.
N. de 17 años tuvo un accidente de moto cuando viajaba con su novio. Por poco ambos pierden la vida. Consume desde los 13 años, consumo que fue incrementándose hasta hacerse adicta a la cocaína. Los padres, muy asustados, deciden hacer la consulta para un tratamiento y ahora, conscientes de que N. podría haber muerto, igualmente creen que el que la llevó a esta situación fue su novio. N. les reprocha que varias veces ella les dijo desde más chica de su consumo. “¿Ahora se acuerdan?”. Esto lo utiliza para hacerlos sentir culpables y contrarrestar un posible cambio en cuanto a los límites y al control.
La consulta: El experto y la delegación. ¿Quién maneja el timón?
Muchas veces las familias consultan a profesionales de salud mental que no tienen experiencia en esta problemática, pero que aplican un marco terapéutico general a este tipo de consulta sin el total conocimiento de la totalidad de variables que se ponen en juego. (Haley J., 1985)
Los jóvenes que llegan a este punto normalmente están entrenados -como buenos seres sobrevivientes de vivir en territorios salvajes- en recursos y conductas que les permitían manejar su realidad a su antojo. Hábitos manipuladores, transgresores de las normas vigentes y especialmente una aparente piel gruesa y curtida, la cual es indemne al registro emocional del otro y de sí mismo, todo esto hace que la atención profesional sea necesariamente compleja y requiera de un marco regulador y ordenador de estas conductas.
De lo contrario los jóvenes terminan definiendo los vínculos con los terapeutas, arrastrándolos al mismo patrón abusivo que con los padres: mentiras, desconexión, manipulación, “esta todo bien”, lo cual va generando una anestesia emocional en el terapeuta, una sensación de impotencia, es decir un vínculo que se puede describir como “un como sí”. Mientras se transita aparentemente por un proceso terapéutico, paralelamente el joven sigue a expensas de sus impulsos y de los riesgos a los que conducen.
El abuso de sustancias también se traslada a abuso de los vínculos. Es característico como en el caso de otros tipos de conductas abusivas (por ejemplo violencia) el hecho de que los complementarios no puedan tener un pensamiento y claridad propios, y que queden como hipnotizados frente a su discurso. (Ravazzola M. C., 1997).
L. comenzó su consumo de marihuana a los 14 años. Sus padres la mandan a un terapeuta a partir de manifestaciones que a los 16 años les preocuparon: quedó libre en el colegio y repitió, no les hace caso, está incontrolable y agresiva, no tiene ganas de hacer nada, y como gota que rebalsó el vaso le encontraron un porro en la habitación. Comenzó a ir a un terapeuta individual, el cual se quedaba fascinado por los relatos y fantasías de L., le valoraba su locuacidad y creatividad. Creía que los padres eran causantes del malestar de la chica, tal como lo relataba L., especialmente con desatenciones. Pensaba que es normal que L. fume marihuana los fines de semana, y que con la terapia este hábito lo iba a ir dejando. El sentía que podía “salvarla” y “curarla”. Lo que no sabía es que L. le mentía todo el tiempo, iba drogada a cada sesión, y se aprovechaba de esta relación como coartada de su consumo.
Algunos padres delegan en el terapeuta la responsabilidad de cambiar al hijo, con la confianza y la ilusión que él lo sabrá manejar, ignorando la necesidad de un tratamiento especializado.
Esta delegación coincide con el patrón vincular que tienen con el hijo, es el terapeuta el que va encargarse de ver la realidad del hijo, de hacer contacto, de esperar consejos o marcaciones del mismo. Esto ratifica la sensación de inutilidad e inoperancia de los padres para convertirse en referentes del joven. Si la vida del hijo se nos representa como un barco que navega por aguas tumultuosas, el timón no lo termina agarrando nadie.
La capa gruesa de piel curtida también la tiene la familia, decepcionada con el hijo, viéndolo como un caso incurable, a veces buscando diagnósticos que aquieten la culpa, ignorando la enorme riqueza que cada uno tiene en su interior para su encauzamiento:
“necesito que el barco lo maneje el experto capitán-terapeuta, yo de olas, tormentas, vientos no sé nada”.
Lo que los padre o la madre sienten frente a lo que hace el joven queda como todos estos años en un segundo plano, ya que el terapeuta sabrá lo que tiene que hacer.
Pero a los jóvenes se le fueron cerrando los poros, perdiéndose la oportunidad de que lleguen las emociones de los padres frente a sus actos: enojo, tristeza, angustia, temores, desesperación, cariño, amor.
La distancia emocional no permite el contacto y una relación verdadera, y en este panorama quien se va a hacer cargo de ayudar a esta familia tendrá el enorme desafío de allanar el camino para que todos y entre todos puedan lograr una reinvolucración afectiva. Podemos definirla como un cambio en la relación entre padres e hijos que conlleva un contacto y comunicación cotidianas que le permitan al adolescente ir creciendo y transitando su desarrollo personal diferenciado y autónomo de la familia.
En nuestro modelo de trabajo el terapeuta después de aceptar una inicial delegación como “experto”, logra poco a poco reconducirla hacia la familia evitando ponerse entre los padres y los hijos, tratando que estos asuman sus responsabilidades. De lo contrario colaboraría en perpetuar la falta de contacto, la distancia afectiva, y la frágil autoridad paterna.
Éstos son apoyados en un momento inicial para tomar el timón en sus manos y volver a transitar una etapa que se creía superada: navegar con un plan de pautas y reglas que los hijos necesitan incorporar a través de un programa reeducativo. Como dijo J. Haley (Pág.60, 1985) “el arte de la terapia radica en hacer volver al joven con su familia como una manera de desligarlo de ella para iniciar una vida independiente”.
En las etapas posteriores se estimulará gradualmente al adolescente para que se haga cargo de sí mismo a través de desarrollar el cuidado, el autocontrol, la responsabilidad de sí y sus acciones, y un proyecto de vida.
De la desesperación a la esperanza
En este arduo proceso en que el terapeuta deben transitar junto a la familia, es necesario el permanente monitoreo de cómo se siente en la relación con el joven y su familia, que rol está ocupando para ellos, como clave para desarmar todo intento de delegación. Puedo sentirme un maestro que aconseja, enseña y sabe, un juez supremo que sabe lo que está bien, por ejemplo para la institución, un aliado de uno de los padres, un defensor del hijo como si fuera víctima de alguna situación, un salvador. A la vez puedo sentir que algo me enoja, me incomoda, me aburre. Todas estas señales que me pueden ser útiles para poder salir del juego homeostático que me propone la familia.
El concepto de resonancia (Mony Elkaim, 1989) nos permite aclarar que lo que el terapeuta siente no solo refiere a su historia personal, sino también al sistema en el cual ese sentimiento emerge. El terapeuta registra en sí mismo, a partir de los mensajes que percibe provenientes de la familia, una resonancia particular. “Algo de la representación familiar lo “toca” en una zona sensible de su self, produciéndose cierta confusión, malestar, incomodidad, etc., de modo tal que le indica que este mensaje debe ser revisado antes de que la obra prosiga” (Ravazzola M. C. y Mazieres G., pag. 69, 1986).
Cuando yo siento el peso de la “expertez”: la presión para decir algo, dar una respuesta, decirles lo que se me arma en mi cabeza sobre ellos desde un lugar de saber, tengo que percatarme que es una inducción del sistema familiar para desentenderse y seguir el mismo patrón que en la época del consumo.
El desafío de evitar posicionarnos frente a la familia como expertos profesionales poseedores de un saber objetivo y científico, se logra en cada instante de la relación terapéutica, con el registro de nuestra propia relatividad de lo que creemos saber y entender. Rescato el concepto de H.Maturana (1980) sobre la necesidad de renunciar momentáneamente, en nuestras observaciones, a la aspiración de objetividad, y colocarla entre paréntesis.
La idea es lograr conversaciones que permitan la apertura cada vez mayor de los poros, y el adelgazamiento de esa capa de piel dura, bajo la cual hay una inmensa blandura, vulnerabilidad y sufrimiento. Según Anderson y Goolishian (pag.49, 1996) “el terapeuta debe lograr una posición de ignorancia. La posición de ignorancia implica una actitud general, una postura en que las acciones del terapeuta transmiten una abundante y genuina curiosidad. Es decir las acciones y las actitudes del terapeuta expresan la necesidad de saber más acerca de lo que se ha dicho, y no transmiten en modo alguno opiniones y expectativas preconcebidas acerca del cliente, del problema o lo que deba cambiarse”. Sólo que no es fácil “ignorar” si uno se cree un “experto”. (4)
El programa de tratamiento está diseñado de forma tal que se vaya dando a lo largo del proceso, una creciente asunción de las funciones parentales por parte de los padres y/o sustitutos y la progresiva maduración por parte de los jóvenes. Para este objetivo el programa incluye después de una admisión, tres etapas “A”,”B” y “C” en la cuales progresivamente la familia y el joven van tomando su propio vuelo a través del trabajo terapéutico grupal y familiar complementarios. Coincide con lo expresado por J. Haley (Pág.60, 1985) desde su punto de vista de como encarar este tipo de problemáticas:”El procedimiento apunta a desligar a los padres del vástago para que la familia ya no lo necesite a este como vehículo de su comunicación, y el joven pueda hacer su propia vida”.
Padres de A. 18 años: Ya hemos intentado varios tratamientos, A. fue a una psicóloga durante dos años por problemas de conducta después de que nos derivó el colegio, siempre siguió igual, no lo podemos controlar, si le decís algo se pone violento, los hermanos están atemorizados cuando llega, me agarré varias veces a trompadas(el padre), anda todo el día en la calle, nos desparecen cosas, no se baña, se viste de negro, le encontramos marihuana escondida en una zapatilla, tenemos miedo que puede estar consumiendo otras drogas más pesadas. La terapeuta nos dijo que ya ella no podía ayudarlo más, que excedía sus posibilidades y nos recomendó venir acá, no sabemos si lo tenemos que internar, no va a querer venir, no te escucha, hace lo que quiere, queremos saber si está enfermo, algo debe tener, está desconocido no es el mismo de antes. Él dice que lo dejemos de perseguir, que el ya es grande y sabe lo que tiene que hacer, no nos gustan los amigos, algunos andan en la delincuencia, entre nosotros (los padres) nos estamos peleando seguido porque yo veo que él (el padre) se pone muy violento con A, no nos estamos ocupando de los otros hijos (la madre angustiada llora)
Padres de B. 16 años: Nos recomendaron este lugar para B. No nos dimos cuenta del consumo. El hermano nos alertó después del último intento de suicidio. Lo llevamos siempre a psicólogos y psiquiatras, tiene una depresión hace años, se lastima, se corta, el hermano lo pudo rescatar después de que tomó pastillas en lo de la abuela. Estuvo internado recientemente unos días en una clínica psiquiátrica, lo vemos mal, no quiere hacer nada, no va a querer venir. Debe estar celoso que tuvo una hermanita, él nos dice que lo dejemos en paz, que le arruinamos la vida, que nos odia, que le gustaría vernos muertos, no sabemos más que hacer, no le habremos dado suficiente atención, él siente que no lo respetamos, se quiere ir a vivir con amigos porque no nos aguanta, le tengo miedo que se lastime o nos haga algo. Quisiéramos que nos digan que tiene y como lo pueden tratar aquí. (Se ve en los padres rostros desesperados y sombríos)
En este estado de angustia y desesperación es importante la calidez con que se recibe a personas tan lastimadas. A la vez les tiene que llegar un mensaje que lo puedan oír y abrir alguna esperanza. Dentro del grupo de padres de admisión el coordinador le pide a un padre avanzado o que haya terminado el tratamiento que les dé su testimonio de cómo pudo con su hijo. Les da un mensaje positivo de su propia experiencia, y que es lo que les sirvió, le transmiten la importancia de empezar a ver que se puede ayudar a los hijos, y que los padres cumplen un rol fundamental en esta tarea. (S. Barilari y otros, 2004)
Los otros padres comparten las sensaciones, angustias, incertidumbres y logros que van teniendo en estas primeras semanas en relación a sus hijos. “No estamos solos, nos acompañamos, compartimos el mismo padecer”
Ya en este primer contacto con la institución se produce un primer impacto y contraste en cuanto a la expectativa de lograr una delegación natural y automática que se produce en una consulta profesional. Se pasa de esperar las respuestas del profesional “que sabe” a escuchar la experiencia de alguien que ya transitó ese camino, y que comparte como pudo él y su hijo a la manera de verdaderos expertos y artesanos.
La familia llega con una distancia emocional entre padres e hijos y con sus propias personas, una anestesia que no sólo produce por el consumo de drogas, sino el tipo de contacto que la familia tiene entre sí, incluso entre los mismos padres y los hermanos. M. C. Ravazzola (1997) nos habla de cómo la anestesia emocional es característica de los patrones de abuso, el no registro de las propias emociones. La sensación de impotencia, culpa, sentirse incapaces y fracasados como padres, son el reflejo de una relación que se fue construyendo a lo largo de años en que tanto los padres como los hijos se fueron desconectando de las posibilidades positivas que tenía el vínculo entre ellos.
El adolescente, frente a la necesidad de construir un camino e identidad propio a través de un proceso normal de cuestionamiento y descreimiento del marco referencial de los padres, fue definiendo ese vínculo como inútil e innecesario, a diferencia del enorme significado que pasó a tener el grupo de pertenencia y los valores y códigos compartidos: “Ya no soy un niño, ni lo que vos querés que sea, vos no me importás, lo único para mí son mis amigos”
Si los padres van aceptando pasivamente estas definiciones como reales y verdaderas, al pie de la letra, van creyendo que es cierto “mi hijo ya no me quiere, no le importan mis opiniones, ya no soy valioso para él, eso me enoja y me da ganas de echarlo de casa y que haga su vida”, provocándose una situación de escalada simétrica donde la violencia y el desafío son cada vez mayores o al contrario la inacción de los padres produce una relación con los hijos, como si fueran adultos, autosuficientes, que toman sus propias decisiones, como si supieran lo que tienen que hacer en la vida.
Sin embargo, a medida que aumenta el consumo y el desorden aparecen cada vez señales más grandes de que necesitan que alguien los ordene y los ayude a tomar la dirección de sus vidas.
Joven A, 18 años: …mirá yo no los aguanto mas a mis viejos, me están atrás pretenden que haga un tratamiento….¿si yo consumo?....cada tanto un faso…lo manejo, me divierto de estar con mis amigos…exageran…la escuela mal…me quedaron un montón de materias para terminar 5º año…no me gusta estudiar…que me dejen de hinchar, a mi me gusta la música, tengo una banda…¿si consumo cocaína?...alguna vez, pero sólo para ver que era…yo no tengo un problema, el que se tiene que tratar es mi viejo que lo quiero cagar a trompadas, pero¿ sabés por qué no lo hago?, por mis hermanos…quiero que me dejen tranquilo…sí a veces estoy mal, cuando no puedo dormir y siento que voy a estallar, pero me las arreglo….voy a venir a esa reunión porque me caíste bien, pero sólo esa vez, así me dejan tranquilo…yo igual voy a hacer la mía….
Se trata de tener un buen contacto con el joven, por sobre todo privilegiar la calidez en la conversación, ya que tiene muchos motivos para no estar en esa entrevista y ya es valorable que haya venido. Lograr una charla lo más sincera posible sin ningún tipo de juzgamiento a su conducta, posibilitará en algunos casos dar el primer paso y que pueda “probar”. Posteriormente, cuando comienza a participar del grupo, que le permite estar en contacto con jóvenes como él que le dan un mensaje de esperanza y de cómo les está sirviendo el tratamiento, va reforzando poco a poco la aceptación, en principio de venir, más delante de hacer el tratamiento por sí mismos. Muchos de ellos destacan meses después en sus autoevaluaciones (que tienen que escribir para pasar de una fase a la otra) la importancia que tuvo la calidad y el afecto recibido en ese primer encuentro.
En este momento se observa tanto desde el joven como desde los padres la máxima delegación. Aquél tiene una mínima motivación y apropiación para salir adelante, los padres hacen un primer movimiento propio de autoridad en lograr traerlo a la entrevista, pero con el objetivo que el terapeuta “lo convenza”.
Cuando los padres logran que siga viniendo a los grupos, es cuando ya están poniendo en marcha su propia autoridad con el hijo, clave para el éxito del programa.
Fase ”A”: Las normas como “yeso”: de cómo se ayuda a los padres a “empoderarse” y a los jóvenes a controlar sus impulsos para sus propios beneficios
Los padres después de transitar la admisión necesitan de herramientas que les permitan ayudar a sus hijos a realizar un viraje de 180 grados en sus vidas, y esto tiene que ver con una nueva organización de la vida cotidiana: horarios, responsabilizarse por una estructura laboral o educativa, regular el tipo de amistades, controlar el maltrato, el tipo de música, ser honestos, no manejar dinero. Frente a las reglas que propone la institución sienten al principio que es una tarea maratónica y difícil de lograr. Pero a la vez anhelan contar con las normas para que sus hijos se dejen de drogar y puedan cambiar su estilo de vida.
Por este motivo piden comenzar el tratamiento en la fase “A”, en la cual los jóvenes tienen que cumplir las normas que les permitirán la abstinencia del consumo, el reordenamiento en sus hábitos cotidianos, salir del contexto de consumo, de situaciones de riesgo y fundamentalmente lograr controlar impulsos, especialmente en el trato con los padres y los hermanos. La responsabilidad de velar por el cumplimiento de las mismas es de los padres, quienes tienen que estar atentos a qué es lo que hace el hijo, ya que es este quien las tiene que cumplir.
La institución y sus grupos de pares apoya a los padres este rol de autoridad y referentes. Hace que ellos logren poco a poco “empoderarse”. Los hijos van perdiendo su “capacidad” de maniobra y autonomía. Ya no pueden manejar los hilos de su vida como antes y dependen absolutamente de ellos, como si volvieran a empezar a ser chiquititos de nuevo en una reeducación.
Las normas actúan al principio como un “yeso” que permite soldar la relación de jerarquía con los hijos hasta ese momento quebrada, si bien sienten a las normas como algo externo, que no viene de los padres, sino de la institución, y empiezan no creyendo en la autenticidad de esa “fuerza” paterna.
El equipo tiene la difícil tarea de que esas normas las asuma cada familia como propia, y no como imposición externa: “cumplir con Proyecto Cambio”
Fragmento de una entrevista familiar:
Joven (se dirige al terapeuta): Quiero ver a mi amigo ¿Qué dice proyecto?
Terapeuta: ¿Les preguntaste a tus padres?
Joven: Sí, pero ellos me dicen que pregunte aquí (se frustra al ver que el terapeuta no le contesta, éste mira a los padres)
Madre (incómoda): Tenemos dudas, sabemos que ese amigo alguna vez consumió
Joven:(se enoja) ¡Ya empezó! No ves que ya hace rato no consume, no me dejás hacer nada, estoy encerrado y no me crees…
Terapeuta: Vos dependes de la decisión de tus padres
Padres: ¿Que dice la institución en un caso así?
Terapeuta: ¿Se quedan tranquilos con que se contacte con él?
Madre: No
Terapeuta: Ustedes tienen que decidir si lo ve o no
Es tarea del terapeuta lograr responsabilizar a los padres de la toma de decisiones, porque permanentemente surgen las preguntas ¿Qué hacemos con la novia?, ¿Lo dejamos viajar solo a la escuela? ¿Te parece que pase a la fase “B”?. Es ahí donde se requiere de cintura para lograr que el padre se conecte y registre qué siente él, qué lo tranquilizaría.
Es más fácil que el experto dé una respuesta “me parece bien que vea a la novia” como si recetara un antibiótico, perpetuándose el patrón de relación de distancia y poca involucración.
Los jóvenes viven las normas como una restricción de sus libertades antes “ganadas”, protestan, están de mal humor, tardan en darse cuenta de sus beneficios. Sienten que pierden un poder que habían conseguido hace tiempo. Al cabo de un tiempo van asumiendo la conveniencia de cumplirlas porque es la manera de avanzar hacia una mayor autonomía y evitar seguir teniendo consecuencias por no cumplirlas. Si no se levanta en el horario que dice la norma el grupo le hace reparar con varios días de levantarse más temprano, si maltratan a los padres tienen que hacer algo en lo cual los padres se sientan reparados. Éstos a su vez, aprenden a ponerle consecuencias frente a los maltratos. Ya no es como antes la ilimitada tolerancia frente a las agresiones y el abuso. Los hijos van teniendo experiencias de que cada una de sus conductas, sean positivas o negativas tienen efectos en el otro y en sí mismos. (Ravazzola M.C., 1997)
Todos estos años vivieron en un mundo irreal donde los actos tenían una especie de impunidad, sin que al joven le llegue el impacto emocional que produce en los demás su propio acto destructivo para sí y para el otro.
La familia se acostumbró a no hacer nada frente a lo que sentían ante un impulso del hijo, y éste se va acostumbrando y naturalizando a que los demás deben toleran todo: que duerma hasta tarde, que coma en su cuarto y deje todo tirado, que vea todo el día TV, que no conteste, que grite y empuje a los hermanos, que se encierre con amigos en el baño, que venga borracho y hasta que se fume un porro de vez en cuando.
C. de 17 años pintó la cocina de su casa como reparación del maltrato y la descalificación que ejerce hacia su madre. Esta es la primera vez que C. hace un aporte al hogar en que vive. La cocina pasó a tener otro aspecto. C. disfrutó de haberlo logrado y de ver contenta a su mamá.
Con el transcurso de la etapa “A” el adolescente va incorporando y apropiándose de las normas, ya deja de ser un asunto que solamente quieren los padres o la institución sino ellos mismos, ya que quieren avanzar.
En esta apropiación se va adelgazando de a poco esa gruesa capa de anestesia inicial. Es muy fuerte para ellos todo el impacto emocional que están viviendo sin drogarse y dejando atrás hábitos que los alejaban de los vínculos cercanos y significativos: los grupo de pares implican un fuerte estímulo que lo va despertando de esa vieja modorra, “mis compañeros están pudiendo, les está sirviendo, se sienten mejor ¿por qué yo no?. El grupo le va devolviendo a su vez los aspectos que cada uno no puede ver de su conducta. Son un espejo de lo que cada uno es. Esto lo hace confrontarse con una realidad que es difícil de eludir
N de 18 años: “todos me dicen que hablo como dando miedo a los demás…antes estaba orgulloso de asustar a la gente…acá no me sirve…me siento solo así… no tengo el lugar de respeto que me daban antes en la plaza…”
El hecho de convivir cotidianamente con los padres sin evasiones, estando bajo su mirada y control, recibiendo de los mismos lo efectos y consecuencias de sus actos, hace que poco a poco el adolescente empiece a registrar a su familia, lo que le puede afectar, doler, enojar, dejando de ser el ombligo del mundo.
Éste es el primer y fundamental cambio en cuanto a una reinvolucración familiar, los hijos y los padres se van sintiendo mutuamente con una presencia y protagonismo concretos. La institución a través del “yeso” de su programa y sus normas ocupa todavía un lugar central en este movimiento. ¿Cómo logra entonces el equipo que el protagonismo de los cambios sea totalmente asumido por la familia? Ese es el gran desafío de las siguientes fases del tratamiento.
El pasaje de una etapa a la otra se produce no primordialmente por una evaluación del equipo, sino fundamentalmente por un registro del joven y su familia de los logros obtenidos en dicha fase. Cuando se siente preparado para pasar a el siguiente período se lo plantea a sus padres y escribe una autoevaluación, la cual lee en cada espacio terapéutico, tanto grupal, como familiar. Se busca que sea el protagonista de su propio devenir, y no que el avance sea fruto de la valoración institucional externa.
Autoevaluación del Joven C.17 años antes de pasar a la etapa “B”:
Hace tiempo (cuatro meses ya) que me cuesta ser consciente de los cambios que fueron ocurriendo. Todavía me es difícil creer todo lo que pasó. El primer tiempo de esta ola gigante fue una tortura para mi familia y un sufrimiento muy grande para mí. Yo no me hacía cargo de que los estaba dañando mucho con mi manera de hacer, o querer hacer la cosas. Encima buscaba cómplices en mi familia para poder manejarlos y lograr lo que quería….No entendía porque me querían ayudar a la fuerza…odié mucho a las personas que me rodeaban y quería romper vínculos con todos. Pero elegí quedarme. Elegí ponerle el pecho. Bajar la cabeza hasta los talones o más bajo. Elegí quedarme y no escapar como lo hacía antes….Es muy duro perder todo y tener que empezar a armar las relaciones y la vida en general con nada más que broncas desde uno y restricciones desde afuera…..de a poco estoy encontrado la vuelta para no juntar tanto y plantear las cosas ya no desde la soberbia, prepotencia, la agresividad y el rencor en el cual solía estar parado todo el tiempo hasta hace unos meses….Logré también revertir con mi cambio de actitud la bronca que les generaba a la mayoría de la personas del tratamiento, los cuales hoy en día me dicen que me odiaban o que les parecía un imbécil. Trabajé o fui conociendo por lo que se habla en los grupos que hay otras maneras de resolver las situaciones…en forma mas serena y reflexionando….
Fase “B”: Resocialización. De cómo aprender a disfrutar de la adolescencia sin drogarse ni ponerse en riesgo, sobre la base de la negociación entre padres e hijos bajo la referencia de la institución.
Como todo yeso, éste lleva un tiempo y hay que sacarlo y comenzar a usar ese brazo antes lastimado en forma gradual, sin requerirle al principio grandes esfuerzos. Al principio va a dar miedo a que este se resienta nuevamente, pero el traumatólogo estimulará al paciente a que confíe en que es necesario y bueno comenzar a hacer ejercicios con el brazo recientemente soldado.
Los padres tienen que empezar a “soltar”, y a confiar en la responsabilidad y el autocontrol de los hijos. Se dan dos posibilidades:
1) los padres que son muy cautelosos y confunden la etapa “A” restrictiva con el hecho de que ellos se transforman en “dueños” de los hijos, sin tomar en cuenta que éstos son personas independientes con deseos, sueños, intimidad, conflictos e incluso diferencias. Algunas de estas familias tienen características autoritarias y de violencia. El trabajo terapéutico en los distintos espacios va ayudando a salir de esa rigidez que probablemente sea un patrón de relación previo.
M.Andolfi (Pág.26, 1982) se refiere de esta manera acerca de las familias rígidas: “Esto significa que una solución adecuada para determinada fase se repropondrá de manera rígida en otras. La adopción de soluciones previsibles e inmodificables lleva a un doble resultado: por un lado reduce y congela el espacio personal de cada miembro…y por el otro inmoviliza el tiempo, es decir provoca su detención en una fase del ciclo vital que corresponde a la solución aprendida”
A. de 17 años después de 14 meses de tratamiento por tener algunas materias bajas no le era permitido por los padres ni viajar solo ni verse con amigos ni siquiera en la casa. Éste a su vez mantenía comportamientos infantiles como pedir irse de viaje de egresados en forma de berrinches, que convencían a su familia de la pertinencia de que aquellos debían tomar ese tipo de medidas
2) los padres que dejan nuevamente en los hijos la responsabilidad de tomar absolutamente las decisiones, sin la posibilidad de ayudarlos a pensar en las salidas a través de la negociación y el diálogo. Renuncian nuevamente al rol de adultos todavía responsables del acompañamiento de la vida de sus hijos. Es ahí también donde la comunidad de padres y la institución quedan en la tarea de ayudar a estas familias a salir de este tipo de funcionamiento. M. Andolfi (1982) las denomina “familias en riesgo”, en las cuales el miembro designado permanece fluctuante, y el carácter estabilizador y cohesionador del sistema puede pasar a otra persona. Las funciones en estas familias no coinciden con la edad, un hijo puede llegar a cumplir la función paterna (hermano parentalizado)
M. de 19 años al poco tiempo de pasar a la fase B tiene un permiso aprobado por los padres de ir con un amigo a un recital de una banda que hace apología del consumo, donde el ambiente suele ser pesado y de riesgo. E. de 17 años va a un recital de los Rolling Stones por segunda vez en la misma semana con el aval de los padres con el pacto de no contarlo en el tratamiento para que nadie se lo pueda cuestionar.
En los dos casos queda delegada en la institución la responsabilidad de producirse algún cambio, lo que se convierte en un desafío para el equipo. Es ahí cuando resulta importante el trabajo coordinado con una estrategia en común entre los diferentes terapeutas, tanto los que coordinan los grupos como el de la terapia familiar, para apuntar al mismo objetivo con la familia. Esto produce un input muy fuerte que logra desestabilizar al sistema familiar para encontrar nuevos equilibrios y formas que permitan a sus miembros diferenciarse, ser autónomos pero dentro de una nueva estructura de vínculos más flexibles entre padres e hijos (M. Andolfi y otros 1982)
Los jóvenes ya asumen la responsabilidad de viajar solos y hacen experiencias recreativas sin el consumo de alcohol ni las drogas: encontrarse con amigos, ir a una casa a mirar una película, ir a un bar, ir a bailar y a recitales de música. Para todo esto tienen que conversar y negociar con los padres los permisos y charlar como se van a cuidar y que riesgos tienen en cada situación. Esto permite a las familias tener un entrenamiento y ejercicio muy importante en la comunicación, en el contacto entre padres e hijos y finalmente una cada vez mayor intensidad en la involucración mutua.
La institución, el resto de los padres y los pares de los jóvenes, también opinan sobre estos permisos, de manera de ayudar a cada familia en esta etapa de aprendizaje.
Los jóvenes comentan entre sí sus experiencias, cuáles sienten que pueden ser los riesgos y cuidados y a veces se recomiendan no hacer ese tipo de salidas
Al mismo tiempo el grupo de padres les ayuda a “abrir los ojos” y aumentar la sensibilidad y los alertas frente a aspectos que no se habían podido registrar previamente.
El equipo intenta no ponerse en el lugar de autoridad “científica”, lugar inductor desde algunas familias, que opinan que los profesionales “son los que saben”, ya que asumirían en ese caso una delegación que perpetuaría el patrón de relación familiar antes descrito.
El padre de O. de 18 años le pregunta al terapeuta en la entrevista familiar qué opina sobre la primera salida a un recital del hijo. Éste hábilmente no responde y logra hacer circular esa pregunta entre los demás miembros de la familia. O. pudo sincerarse de que se suele descontrolar en los recitales y el padre pudo expresar sus temores y como se queda más tranquilo si en esta primera salida va acompañado por su hermana. Se pasa en la entrevista familiar de un clima de baja tensión con una consulta al supuesto experto a un clima emocional intenso, donde aparecen los conflictos, las diferencias y los matices particulares de lo que siente cada uno.
Los padres se alientan entre sí a poder ser más flexibles con los hijos y poder confiar en ellos o de lo contrario se ayudan a tomar conciencia de aspectos no registrados y actúan como freno para ir más despacio y ser más cuidadosos.
Cada vez más la relación se fortalece, los hijos dependen de los padres para lo que quieren, y ya han asumido que no pueden desconocer, como hacían antes, lo que ellos sienten.
Pero los grupos y la institución siguen pesando en la reflexión de todos estos aspectos:
Un padre a su hija: “andá al grupo y fijate que te dicen con este recital yo lo voy ver en mi grupo” o una madre le refiere a su hijo: “pude ver en mi grupo que era demasiado que salgas hasta tan tarde dos noches seguidas”.
Poco a poco los padres se van autoafirmando, y la negociación se hace más real y auténtica sin necesidad de mediar la institución. El peso del grupo como referente para las decisiones y negociaciones se va corriendo de a poco hacia cada uno de los padres. Éstos le van dando un lugar cada vez más importante a sus propias convicciones y sensaciones. Este proceso gradual de apropiación trae aparejado la disminución de la expectativa de que los demás les resuelvan las decisiones en relación a los hijos.
A su vez los jóvenes van sintiendo el placer de disfrutar sin consumo y a medir las posibles consecuencias de un descontrol.
L. de 19 años comenta en el grupo que durante su salida con sus compañeros a un boliche bailable, pudo pasarla bien sin alcoholizarse. Antes, para poder acercarse a una chica, tenía que tomar alcohol para desinhibirse. Temía antes de salir que se iba a aburrir, que sin consumo era otra cosa, no fue muy entusiasmado. Por lo contrario, el estar lúcido y consciente le hizo descubrir otras sensaciones de bienestar. El hecho de estar atento a cualquier situación de riesgo (gente que consume, violencia) lo hizo sentir diferente, que podía cuidarse a sí mismo, ya que no quiere ser el barrilete que era antes.
A veces es necesaria una recaída para confirmar y vivir de nuevo lo que trae aparejado : la defraudación de la familia, de los compañeros, las consecuencias institucionales (volver a una fase anterior), tener que reparar las normas rotas, tener que hacerse cargo frente a los pares de dicha situación, vivir nuevamente restricciones y especialmente la propia decepción consigo mismo.
Como dije anteriormente, este proceso de responsabilización del adolescente que se da en esta etapa, recuerda el proceso de crianza de los niños cuando se les van pasando gradualmente las “postas” del autocuidado y autocontrol: ir al baño solitos, cortar con cuchillo, cruzar solo una calle, ir solo a la escuela. (Ravazzola M. C., 1997). Ese temor que tienen los padres de si ¿lo podrá hacer solo? que los lleva a pegar un vistazo la primera vez que cruzan solos, es similar a lo que van sintiendo en esta transición con sus hijos en relación a si van a poder socializarse sin volver al consumo, recuerdo nefasto y aterrador que no quieren volver a vivir.
Autoevaluación del Joven E. de 17 años antes de pasar a la etapa “C”:
Fueron catorce meses en los que adopté gran diversidad de posturas respecto al tratamiento, como a mi familia, amigos, colegio, pero principalmente en relación a mi vida. Realmente no disfrutaba de nada en mi vida, no valoraba, no respetaba, no cuidaba, no me valoraba, no me respetaba, y no me cuidaba, no me permitía sonreír por las cosas que me daban gracia o que me alegraban, ya que no me permitía que nada me alegre…pero muchas cosas empezaron a cambiar en mi persona, muchas de las cuales me asustaron y otras aliviaron, pero de todas creo algo haber aprendido.
Me di cuenta que uno hace de su vida lo que quiere y que es más lindo levantarse una mañana con una sonrisa y disfrutar de un desayuno, aunque sean la siete de la mañana por una reparación y me esté muriendo de sueño…
Respecto a mi familia, empezó a ser un avance desde que volví a llamarlos “familia”a mis padres, ya que antes para mí no lo eran, luego el empezar a establecer vínculos con cada uno de ellos, aunque a veces sea complicado. Hoy en día puedo decir que los quiero, a pesar de discusiones, desacuerdos, límites y demás cosas. Trato de confiar y hacerlos partícipes de mi vida, cosa que antes no hice nunca.
Con mis hermanos yo creía que no había muchos problemas, al menos de mi parte, pero me enteré que llegué hasta darle miedo a mi hermana, cosa que realmente me pegó duro, ya que yo siempre la quise….
Fase “C”: Autonomía y desprendimiento: de cómo cada familia sigue el camino de la vida…
La etapa ”C” es el último tramo de este proceso desde el cual se va normalizando la vida del adolescente y su familia. Las normas las van redefiniendo en conversaciones y negociaciones entre padres e hijos. Las salidas y permisos se charlan sólo dentro del ámbito familiar. Ya la institución no funciona como parte de esta dinámica, en la cual en definitiva se juegan los vínculos intrafamiliares. Las normas institucionales tenían como objetivo reordenar sus vidas, en esta etapa la idea es que cada joven pueda dialogar con su familia e ir consensuando algunas pautas, que le permitan una mayor responsabilidad y autonomía, por ejemplo en la asunción del manejo de los horarios y del dinero.
B. de 19 años. en la etapa “A” debía levantarse todos los días a las 8 y acostarse a mas tardar a las 24hs. En la etapa “B” podía pedir permisos de horarios, por ejemplo un día salir con sus amigos y volver mas tarde. En esta etapa “C” acordó con los padres que él comenzaba a manejar sus horarios bajo su responsabilidad, salvo en las salidas en las que iba a comentar a que hora iba a volver.
A. de 18 años en las etapas anteriores debía rendir todos sus gastos de dinero, y no podía tomar ninguna decisión con el mismo sin antes hablar con sus referentes. En esta etapa “C” negoció con la familia el disponer de una suma de dinero fija semanal con la cual él se hacía cargo de regular sus gastos.
En esta etapa se observa que en los casos de familias mas rígidas o mas laxas, en los cuales la delegación siguió puesta en la institución, y no se pudo hacer un buen traspaso a los padres, vuelven a algunos modos de relación que tenían antes de venir a Proyecto Cambio. Son los casos de los padres que al retirarse la institución de la negociación y la conversación sobre los permisos de los hijos, vuelven al patrón de relación anterior: depositan en sus hijos la total responsabilidad, dependiendo de éstos el criterio de evaluar lo que está bien y está mal. Algunas veces el adolescente avanzó en esto más que los padres y asume una adultez prematura. En otros casos a través de alguna recaída da la señal de que necesita todavía un cambio de los padres.
M. de 18 años estaba en un trabajo nocturno en un medio de comunicación, tenía totalmente dados vuelta los horarios, a veces no volvía a su casa, o no se sabía donde estaba. Todavía no había terminado la secundaria. A los padres les parecía bien el trabajo que le ofreció el primo ya que ganaba buen dinero y tenía un porvenir. Finalmente le contó a un compañero de su grupo que estuvo consumiendo alcohol, lo cual desembocó en pedir ayuda a la institución.
En otros casos los padres se relacionan con sus hijos con la expectativa de que actúen como ellos quieren, satisfaciendo expectativas y sueños que no son propios del adolescente, son las familias que no toleran la diferenciación y la autonomía. Esto da como resultado o un sometimiento del hijo a estas pautas sin poder individuarse de los padres, o, por el contrario, una permanente reactividad y vuelta a situaciones de riesgo.
J. Haley (Pág.52, 1980) refiere que “el terapeuta debe aceptar que la conducta excéntrica y loca es, básicamente, una conducta protectora. No importa lo extraña, violenta y extrema que sea esa conducta, su función es estabilizar a la organización. Desobedecer es en sí una manera de obligar a un grupo a que se organice en forma más estable.”
Las dificultades que aparecen en esta etapa tienen más que ver con cuestiones inherentes a dinámicas familiares previas al tratamiento, circuitos repetitivos que no se hacían tan visibles en las etapas anteriores cuando la institución estaba más presente. Esto da la oportunidad de abordarlas y lograr desestabilizar estos viejos equilibrios para poder lograr un cambio estructural en la familia, y no sólo del miembro designado. Esto es lo que P. Watzlawick (1974) definió como Cambio “2” y Cambio “1” respectivamente En el Cambio “1”, los parámetros individuales varían de manera continua pero la estructura del sistema no se altera. En el Cambio”2”, el sistema cambia cualitativamente y de una manera discontinua. Se producen cambios en el conjunto de reglas que rigen su estructura.
En esta etapa los padres van tomando conciencia de que depende sólo de ellos el tipo de relación que van a mantener con el hijo, que se aproxima a la finalización del tratamiento, y la calidad del vínculo es diametralmente diferente. Pudo hacer un fuerte ejercicio en un trato y comunicación diferentes. Si se intranquilizan, pueden acercarse al hijo y charlar, transmitiéndole sus miedos. Se sienten con el poder suficiente para ejercer la autoridad e influir sobre ellos. Este proceso de empoderamiento fue paralelo al que hicieron sus hijos de dejar de comportarse como pseudo-adultos.
Los jóvenes se sienten responsables de sus actos y de las consecuencias que les puede aparejar el no controlar sus impulsos, pero principalmente a nivel emocional, están involucrados en una intensa relación con sus progenitores. Ya el pensamiento de ellos no les es indiferente, se hacen cargo del afecto positivo que sienten hacia ellos, y les costaría volver a mentirles.
De todos modos tienen un deseo de tener un proyecto propio, y una necesidad de autoafirmación y construcción de una identidad como cualquier adolescente, pero ahora por senderos que no impliquen la autodestrucción y el caos, sino el dar pasos propios que sirvan de experiencia para desarrollarse como personas, que puedan transitar por este mundo con cautela y animándose a la innovación y creatividad y en definitiva a lograr ser ellos mismos, que es lo que originalmente buscaban cuando se drogaban.
Quiero terminar este artículo con estas palabras de M., una mamá que finalizó el tratamiento:
Pienso en la cantidad de situaciones de peligro que se encontró este hijo mío, sin tener la menor conciencia, o si la tenía no le importaba. Tampoco le importó el riesgo en que nos ponía.
¿Y todo esto pasaba porque P. era una mala persona?,¿ Porque no nos quería? De ninguna manera, éste es el submundo de la droga, donde nadie tiene nombre, donde todo es lo mismo, donde no hay valores, no hay ética ni moral. A ninguno de ellos les importa nada que no esté relacionado con la droga y cómo conseguirla. Y cuánto sufrimiento hay encerrado en ello.
No son nuestros hijos los que hablan, actúan, piensan, son las sustancias que llevan encima, y que deciden por ellos.
¿ Y nosotros, los padres, dónde estábamos?. En otra parte o mirando sin ver, con seguridad para el lado incorrecto.
Y comenzamos a dar nuestros primeros pasos hacia la recuperación de nuestro hijo. Lo amamos, “somos responsables” (no culpables) de lo ocurrido y por eso estamos aquí juntos, con la certeza de que no será fácil el camino por recorrer, pero con la convicción absoluta de que juntos, saldremos de este infierno hacia la luz.
Han pasado casi dos años, ya no me tiembla el pulso al escribir, me siento serena, reflexiva, segura, en paz conmigo misma. Ya no corro, camino. Ya no quiero más bronces, sólo me interesan los diplomas de mamá, esposa, hija, amiga, y el poder disfrutar de esas pequeñas cosas de la vida cotidiana (¿pequeñas?) de las que habla Serrat.
¿P.?, fue sólo el emergente, “la voz” que pudo gritar sin palabras el caos y la incomunicación en la que vivía nuestra familia.
¿Porqué será que siempre necesitamos llegar a “situaciones límite”, para poner el stop y rebobinar?. ¿Es necesario llegar al borde del abismo?
Aprendimos a aceptar a nuestro hijo tal como es, y no como nos hubiese gustado que fuera. Aprendimos a tolerar las diferencias y a acercamos en las coincidencias Aprendimos a amarnos con responsabilidad, con límites, con respeto, sin agresiones gratuitas que lo único que generan son más agresiones.
Cada golpe logró fortalecernos más y más, seguimos adelante con amor pero firmeza, juntos, sin aislamientos ni rótulos, en equipo, en familia.
Gracias a los grupos de Padres, donde nos vimos reflejados miles de veces como en espejos multifacéticos ,de perfil, de frente y de espaldas, donde el otro nos devolvió todo: lo que nos gustaba escuchar y lo que por tan doloroso nos enoja y no podíamos digerir, siempre desde el amor, la solidaridad y el respeto.
¿Que la familia es una institución en extinción?, ¡ni ahí!, como dirían nuestros hijos, sin familia somos parias, no existimos.
Hoy somos una familia, mi mayor orgullo, cada uno ocupa (como puede, como le sale), el lugar que le corresponde, no hay espacios vacíos. Mis hijos son mi mayor fortuna, son muy distintos, pero ambos poseen valores que los convierten en seres humanos maravillosos.
Cada uno de nosotros ha podido demostrar con hechos y no sólo con palabras, el amor que siente por el otro.
Cada uno de nosotros ha tenido la posibilidad y la fortuna de poder cambiar y darse otra oportunidad por el otro al que ama.
Ya no se escuchan gritos, insultos, malos tratos ni hay violencia, nos hablamos en voz baja, para que el otro pueda escuchar, con respeto, con amor.
¿La familia perfecta?, no, simplemente la que elegimos para seguir viviendo, luego de un largo aprendizaje de ensayo y error.
P. es hoy un adolescente feliz, alegre, sano, lleno de “proyectos de vida”, y sobre todas las cosas LIBRE, libre de poder elegir, de poder equivocarse, de caerse y levantarse tantas veces como sea necesario, libre de decir “No, esto no lo quiero más”.Tiene los conflictos propios de su edad, que no son pocos, pero ya no se esconde, ya no escapa, ya no miente, no es necesario, hoy puede y podemos poner en palabras nuestras angustias y nuestros miedos.
Sabe que cuenta y contará con nosotros siempre, pero ya no incondicionalmente, hoy ponemos condiciones, estamos dispuestos a seguir peleándola juntos pero de frente, no más droga, no más alcohol, no más estafa, no más mentira, no más esclavitud. Seguramente el tiempo cicatrizará nuestras heridas y el dolor desaparecerá, pero no olvidaremos. Aquellos que olvidan corren el riesgo de repetir, sólo pido a quienes me aman que no me permitan olvidar.
Notas
(1)La Fundación Proyecto Cambio fue creada por el Dr. Gastón Mazieres y la Lic. Susana Barilari como un modelo de tratamiento ambulatorio en drogodependencia, después de haberlo hecho anteriormente en el Programa Andres de Carlos Novelli. Ellos fueron llamados entonces para trabajar con familias frente a las dificultades que surgían en la reinserción después de un largo período de aislamiento en una granja.
(2) La supervisión es externa y está a cargo de la Dra. Cristina Ravazzola.
(3)Es la construcción de escenas o imágenes de la familia a través de “fotografías estáticas” o de “esculturas moldeadas” iluminando aspectos relacionales hasta entonces poco notables.
(4)M.C. Ravazzola- Contribución.
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martes, 23 de junio de 2009
Ley 26.485 - LEY DE PROTECCION INTEGRAL A LAS MUJERES -
Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales. Publicado en B.O.: 14-4-2009 LEY DE PROTECCION INTEGRAL PARA PREVENIR, SANCIONAR Y ERRADICAR LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES EN LOS AMBITOS EN QUE DESARROLLEN SUS RELACIONES INTERPERSONALES TITULO I DISPOSICIONES GENERALES ARTICULO 1º — Ambito de aplicación. Orden Público. Las disposiciones de la presente ley son de orden público y de aplicación en todo el territorio de la República, con excepción de las disposiciones de carácter procesal establecidas en el Capítulo II del Título III de la presente. ARTICULO 2º — Objeto. La presente ley tiene por objeto promover y garantizar: a) La eliminación de la discriminación entre mujeres y varones en todos los órdenes de la vida; b) El derecho de las mujeres a vivir una vida sin violencia; c) Las condiciones aptas para sensibilizar y prevenir, sancionar y erradicar la discriminación y la violencia contra las mujeres en cualquiera de sus manifestaciones y ámbitos; d) El desarrollo de políticas públicas de carácter interinstitucional sobre violencia contra las mujeres; e) La remoción de patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género y las relaciones de poder sobre las mujeres; f) El acceso a la justicia de las mujeres que padecen violencia; g) La asistencia integral a las mujeres que padecen violencia en las áreas estatales y privadas que realicen actividades programáticas destinadas a las mujeres y/o en los servicios especializados de violencia. ARTICULO 3º — Derechos Protegidos. Esta ley garantiza todos los derechos reconocidos por la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, la Convención sobre los Derechos de los Niños y la Ley 26.061 de Protección Integral de los derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes y, en especial, los referidos a: a) Una vida sin violencia y sin discriminaciones; b) La salud, la educación y la seguridad personal; c) La integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial; d) Que se respete su dignidad; e) Decidir sobre la vida reproductiva, número de embarazos y cuándo tenerlos, de conformidad con la Ley 25.673 de Creación del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable; f) La intimidad, la libertad de creencias y de pensamiento; g) Recibir información y asesoramiento adecuado; h) Gozar de medidas integrales de asistencia, protección y seguridad; i) Gozar de acceso gratuito a la justicia en casos comprendidos en el ámbito de aplicación de la presente ley; j) La igualdad real de derechos, oportunidades y de trato entre varones y mujeres; k) Un trato respetuoso de las mujeres que padecen violencia, evitando toda conducta, acto u omisión que produzca revictimización. ARTICULO 4º — Definición. Se entiende por violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes. Se considera violencia indirecta, a los efectos de la presente ley, toda conducta, acción u omisión, disposición, criterio o práctica discriminatoria que ponga a la mujer en desventaja con respecto al varón. ARTICULO 5º — Tipos. Quedan especialmente comprendidos en la definición del artículo precedente, los siguientes tipos de violencia contra la mujer: 1.- Física: La que se emplea contra el cuerpo de la mujer produciendo dolor, daño o riesgo de producirlo y cualquier otra forma de maltrato o agresión que afecte su integridad física. 2.- Psicológica: La que causa daño emocional y disminución de la autoestima o perjudica y perturba el pleno desarrollo personal o que busca degradar o controlar sus acciones, comportamientos, creencias y decisiones, mediante amenaza, acoso, hostigamiento, restricción, humillación, deshonra, descrédito, manipulación o aislamiento. Incluye también la culpabilización, vigilancia constante, exigencia de obediencia o sumisión, coerción verbal, persecución, insulto, indiferencia, abandono, celos excesivos, chantaje, ridiculización, explotación y limitación del derecho de circulación o cualquier otro medio que cause perjuicio a su salud psicológica y a la autodeterminación. 3.- Sexual: Cualquier acción que implique la vulneración en todas sus formas, con o sin acceso genital, del derecho de la mujer de decidir voluntariamente acerca de su vida sexual o reproductiva a través de amenazas, coerción, uso de la fuerza o intimidación, incluyendo la violación dentro del matrimonio o de otras relaciones vinculares o de parentesco, exista o no convivencia, así como la prostitución forzada, explotación, esclavitud, acoso, abuso sexual y trata de mujeres. 4.- Económica y patrimonial: La que se dirige a ocasionar un menoscabo en los recursos económicos o patrimoniales de la mujer, a través de: a) La perturbación de la posesión, tenencia o propiedad de sus bienes; b) La pérdida, sustracción, destrucción, retención o distracción indebida de objetos, instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, valores y derechos patrimoniales; c) La limitación de los recursos económicos destinados a satisfacer sus necesidades o privación de los medios indispensables para vivir una vida digna; d) La limitación o control de sus ingresos, así como la percepción de un salario menor por igual tarea, dentro de un mismo lugar de trabajo. 5.- Simbólica: La que a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad. ARTICULO 6º — Modalidades. A los efectos de esta ley se entiende por modalidades las formas en que se manifiestan los distintos tipos de violencia contra las mujeres en los diferentes ámbitos, quedando especialmente comprendidas las siguientes: a) Violencia doméstica contra las mujeres: aquella ejercida contra las mujeres por un integrante del grupo familiar, independientemente del espacio físico donde ésta ocurra, que dañe la dignidad, el bienestar, la integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, la libertad, comprendiendo la libertad reproductiva y el derecho al pleno desarrollo de las mujeres. Se entiende por grupo familiar el originado en el parentesco sea por consanguinidad o por afinidad, el matrimonio, las uniones de hecho y las parejas o noviazgos. Incluye las relaciones vigentes o finalizadas, no siendo requisito la convivencia; b) Violencia institucional contra las mujeres: aquella realizada por las/los funcionarias/os, profesionales, personal y agentes pertenecientes a cualquier órgano, ente o institución pública, que tenga como fin retardar, obstaculizar o impedir que las mujeres tengan acceso a las políticas públicas y ejerzan los derechos previstos en esta ley. Quedan comprendidas, además, las que se ejercen en los partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales, deportivas y de la sociedad civil; c) Violencia laboral contra las mujeres: aquella que discrimina a las mujeres en los ámbitos de trabajo públicos o privados y que obstaculiza su acceso al empleo, contratación, ascenso, estabilidad o permanencia en el mismo, exigiendo requisitos sobre estado civil, maternidad, edad, apariencia física o la realización de test de embarazo. Constituye también violencia contra las mujeres en el ámbito laboral quebrantar el derecho de igual remuneración por igual tarea o función. Asimismo, incluye el hostigamiento psicológico en forma sistemática sobre una determinada trabajadora con el fin de lograr su exclusión laboral; d) Violencia contra la libertad reproductiva: aquella que vulnere el derecho de las mujeres a decidir libre y responsablemente el número de embarazos o el intervalo entre los nacimientos, de conformidad con la Ley 25.673 de Creación del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable; e) Violencia obstétrica: aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la Ley 25.929. f) Violencia mediática contra las mujeres: aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres. TITULO II POLITICAS PUBLICAS CAPITULO I PRECEPTOS RECTORES ARTICULO 7º — Preceptos rectores. Los tres poderes del Estado, sean del ámbito nacional o provincial, adoptarán las medidas necesarias y ratificarán en cada una de sus actuaciones el respeto irrestricto del derecho constitucional a la igualdad entre mujeres y varones. Para el cumplimiento de los fines de la presente ley deberán garantizar los siguientes preceptos rectores: a) La eliminación de la discriminación y las desiguales relaciones de poder sobre las mujeres; b) La adopción de medidas tendientes a sensibilizar a la sociedad, promoviendo valores de igualdad y deslegitimación de la violencia contra las mujeres; c) La asistencia en forma integral y oportuna de las mujeres que padecen cualquier tipo de violencia, asegurándoles el acceso gratuito, rápido, transparente y eficaz en servicios creados a tal fin, así como promover la sanción y reeducación de quienes ejercen violencia; d) La adopción del principio de transversalidad estará presente en todas las medidas así como en la ejecución de las disposiciones normativas, articulando interinstitucionalmente y coordinando recursos presupuestarios; e) El incentivo a la cooperación y participación de la sociedad civil, comprometiendo a entidades privadas y actores públicos no estatales; f) El respeto del derecho a la confidencialidad y a la intimidad, prohibiéndose la reproducción para uso particular o difusión pública de la información relacionada con situaciones de violencia contra la mujer, sin autorización de quien la padece; g) La garantía de la existencia y disponibilidad de recursos económicos que permitan el cumplimiento de los objetivos de la presente ley; h) Todas las acciones conducentes a efectivizar los principios y derechos reconocidos por la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres. CAPITULO II ORGANISMO COMPETENTE ARTICULO 8º — Organismo competente. El Consejo Nacional de la Mujer será el organismo rector encargado del diseño de las políticas públicas para efectivizar las disposiciones de la presente ley. ARTICULO 9º — Facultades. El Consejo Nacional de la Mujer, para garantizar el logro de los objetivos de la presente ley, deberá: a) Elaborar, implementar y monitorear un Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres; b) Articular y coordinar las acciones para el cumplimiento de la presente ley, con las distintas áreas involucradas a nivel nacional, provincial y municipal, y con los ámbitos universitarios, sindicales, empresariales, religiosos, las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres y otras de la sociedad civil con competencia en la materia; c) Convocar y constituir un Consejo Consultivo ad honórem, integrado por representantes de las organizaciones de la sociedad civil y del ámbito académico especializadas, que tendrá por función asesorar y recomendar sobre los cursos de acción y estrategias adecuadas para enfrentar el fenómeno de la violencia; d) Promover en las distintas jurisdicciones la creación de servicios de asistencia integral y gratuita para las mujeres que padecen violencia; e) Garantizar modelos de abordaje tendientes a empoderar a las mujeres que padecen violencia que respeten la naturaleza social, política y cultural de la problemática, no admitiendo modelos que contemplen formas de mediación o negociación; f) Generar los estándares mínimos de detección precoz y de abordaje de las situaciones de violencia; g) Desarrollar programas de asistencia técnica para las distintas jurisdicciones destinados a la prevención, detección precoz, asistencia temprana, reeducación, derivación interinstitucional y a la elaboración de protocolos para los distintos niveles de atención; h) Brindar capacitación permanente, formación y entrenamiento en la temática a los funcionarios públicos en el ámbito de la Justicia, las fuerzas policiales y de seguridad, y las Fuerzas Armadas, las que se impartirán de manera integral y específica según cada área de actuación, a partir de un módulo básico respetando los principios consagrados en esta ley; i) Coordinar con los ámbitos legislativos la formación especializada, en materia de violencia contra las mujeres e implementación de los principios y derechos reconocidos por la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres destinada a legisladores/as y asesores/as; j) Impulsar a través de los colegios y asociaciones de profesionales la capacitación del personal de los servicios que, en razón de sus actividades, puedan llegar a intervenir en casos de violencia contra las mujeres; k) Diseñar e implementar Registros de situaciones de violencia contra las mujeres de manera interjurisdiccional e interinstitucional, en los que se establezcan los indicadores básicos aprobados por todos los Ministerios y Secretarías competentes, independientemente de los que determine cada área a los fines específicos, y acordados en el marco de los Consejos Federales con competencia en la materia; l) Desarrollar, promover y coordinar con las distintas jurisdicciones los criterios para la selección de datos, modalidad de registro e indicadores básicos desagregados —como mínimo— por edad, sexo, estado civil y profesión u ocupación de las partes, vínculo entre la mujer que padece violencia y el hombre que la ejerce, naturaleza de los hechos, medidas adoptadas y sus resultados, y sanciones impuestas a la persona violenta. Se deberá asegurar la reserva en relación con la identidad de las mujeres que padecen violencias; m) Coordinar con el Poder Judicial los criterios para la selección de datos, modalidad de Registro e indicadores que lo integren que obren en ambos poderes, independientemente de los que defina cada uno a los fines que le son propios; n) Analizar y difundir periódicamente los datos estadísticos y resultados de las investigaciones a fin de monitorear y adecuar las políticas públicas a través del Observatorio de la Violencia Contra las Mujeres; ñ) Diseñar y publicar una Guía de Servicios en coordinación y actualización permanente con las distintas jurisdicciones, que brinde información sobre los programas y los servicios de asistencia directa; o) Implementar una línea telefónica gratuita y accesible en forma articulada con las provincias a través de organismos gubernamentales pertinentes, destinada a dar contención, información y brindar asesoramiento sobre recursos existentes en materia de prevención de la violencia contra las mujeres y asistencia a quienes la padecen; p) Establecer y mantener un Registro de las organizaciones no gubernamentales especializadas en la materia en coordinación con las jurisdicciones y celebrar convenios para el desarrollo de actividades preventivas, de control y ejecución de medidas de asistencia a las mujeres que padecen violencia y la rehabilitación de los hombres que la ejercen; q) Promover campañas de sensibilización y concientización sobre la violencia contra las mujeres informando sobre los derechos, recursos y servicios que el Estado garantiza e instalando la condena social a toda forma de violencia contra las mujeres. Publicar materiales de difusión para apoyar las acciones de las distintas áreas; r) Celebrar convenios con organismos públicos y/o instituciones privadas para toda acción conducente al cumplimiento de los alcances y objetivos de la presente ley; s) Convocar y poner en funciones al Consejo, Consultivo de organizaciones de la sociedad civil y redactar su reglamento de funcionamiento interno; t) Promover en el ámbito comunitario el trabajo en red, con el fin de desarrollar modelos de atención y prevención interinstitucional e intersectorial, que unifiquen y coordinen los esfuerzos de las instituciones públicas y privadas; u) Garantizar el acceso a los servicios de atención específica para mujeres privadas de libertad. CAPITULO III LINEAMIENTOS BASICOS PARA LAS POLITICAS ESTATALES ARTICULO 10. — Fortalecimiento técnico a las jurisdicciones. El Estado nacional deberá promover y fortalecer interinstitucionalmente a las distintas jurisdicciones para la creación e implementación de servicios integrales de asistencia a las mujeres que padecen violencia y a las personas que la ejercen, debiendo garantizar: 1.- Campañas de educación y capacitación orientadas a la comunidad para informar, concientizar y prevenir la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales. 2.- Unidades especializadas en violencia en el primer nivel de atención que trabajen en la prevención y asistencia de hechos de violencia, las que coordinarán sus actividades según los estándares, protocolos y registros establecidos y tendrán un abordaje integral de las siguientes actividades: a) Asistencia interdisciplinaria para la evaluación, diagnóstico y definición de estrategias de abordaje; b) Grupos de ayuda mutua; c) Asistencia y patrocinio jurídico gratuito; d) Atención coordinada con el área de salud que brinde asistencia médica y psicológica; e) Atención coordinada con el área social que brinde los programas de asistencia destinados a promover el desarrollo humano. 3.- Programas de asistencia económica para el autovalimiento de la mujer. 4.- Programas de acompañantes comunitarios para el sostenimiento de la estrategia de autovalimiento de la mujer. 5.- Centros de día para el fortalecimiento integral de la mujer. 6.- Instancias de tránsito para la atención y albergue de las mujeres que padecen violencia en los casos en que la permanencia en su domicilio o residencia implique una amenaza inminente a su integridad física, psicológica o sexual, o la de su grupo familiar, debiendo estar orientada a la integración inmediata a su medio familiar, social y laboral. 7.- Programas de reeducación destinados a los hombres que ejercen violencia. ARTICULO 11. — Políticas públicas. El Estado nacional implementará el desarrollo de las siguientes acciones prioritarias, promoviendo su articulación y coordinación con los distintos Ministerios y Secretarías del Poder Ejecutivo nacional, jurisdicciones provinciales y municipales, universidades y organizaciones de la sociedad civil con competencia en la materia: 1.- Jefatura de Gabinete de Ministros - Secretaría de Gabinete y Gestión Pública: a) Impulsar políticas específicas que implementen la normativa vigente en materia de acoso sexual en la administración pública nacional y garanticen la efectiva vigencia de los principios de no discriminación e igualdad de derechos, oportunidades y trato en el empleo público; b) Promover, a través del Consejo Federal de la Función Pública, acciones semejantes en el ámbito de las jurisdicciones provinciales. 2.- Ministerio de Desarrollo Social de la Nación: a) Promover políticas tendientes a la revinculación social y laboral de las mujeres que padecen violencia; b) Elaborar criterios de priorización para la inclusión de las mujeres en los planes y programas de fortalecimiento y promoción social y en los planes de asistencia a la emergencia; c) Promover líneas de capacitación y financiamiento para la inserción laboral de las mujeres en procesos de asistencia por violencia; d) Apoyar proyectos para la creación y puesta en marcha de programas para atención de la emergencia destinadas a mujeres y al cuidado de sus hijas/os; e) Celebrar convenios con entidades bancarias a fin de facilitarles líneas de créditos a mujeres que padecen violencia; f) Coordinar con la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia y el Consejo Federal de Niñez, Adolescencia y Familia los criterios de atención que se fijen para las niñas y adolescentes que padecen violencia. 3.- Ministerio de Educación de la Nación: a) Articular en el marco del Consejo Federal de Educación la inclusión en los contenidos mínimos curriculares de la perspectiva de género, el ejercicio de la tolerancia, el respeto y la libertad en las relaciones interpersonales, la igualdad entre los sexos, la democratización de las relaciones familiares, la vigencia de los derechos humanos y la deslegitimación de modelos violentos de resolución de conflictos; b) Promover medidas para que se incluya en los planes de formación docente la detección precoz de la violencia contra las mujeres; c) Recomendar medidas para prever la escolarización inmediata de las/os niñas/os y adolescentes que se vean afectadas/os, por un cambio de residencia derivada de una situación de violencia, hasta que se sustancie la exclusión del agresor del hogar; d) Promover la incorporación de la temática de la violencia contra las mujeres en las currículas terciarias y universitarias, tanto en los niveles de grado como de post grado; e) Promover la revisión y actualización de los libros de texto y materiales didácticos con la finalidad de eliminar los estereotipos de género y los criterios discriminatorios, fomentando la igualdad de derechos, oportunidades y trato entre mujeres y varones; f) Las medidas anteriormente propuestas se promoverán en el ámbito del Consejo Federal de Educación. 4.- Ministerio de Salud de la Nación: a) Incorporar la problemática de la violencia contra las mujeres en los programas de salud integral de la mujer; b) Promover la discusión y adopción de los instrumentos aprobados por el Ministerio de Salud de la Nación en materia de violencia contra las mujeres en el ámbito del Consejo Federal de Salud; c) Diseñar protocolos específicos de detección precoz y atención de todo tipo y modalidad de violencia contra las mujeres, prioritariamente en las áreas de atención primaria de salud, emergencias, clínica médica, obstetricia, ginecología, traumatología, pediatría, y salud mental, que especifiquen el procedimiento a seguir para la atención de las mujeres que padecen violencia, resguardando la intimidad de la persona asistida y promoviendo una práctica médica no sexista. El procedimiento deberá asegurar la obtención y preservación de elementos probatorios; d) Promover servicios o programas con equipos interdisciplinarios especializados en la prevención y atención de la violencia contra las mujeres y/o de quienes la ejerzan con la utilización de protocolos de atención y derivación; e) Impulsar la aplicación de un Registro de las personas asistidas por situaciones de violencia contra las mujeres, que coordine los niveles nacionales y provinciales. f) Asegurar la asistencia especializada de los/ as hijos/as testigos de violencia; g) Promover acuerdos con la Superintendencia de Servicios de Salud u organismo que en un futuro lo reemplace, a fin de incluir programas de prevención y asistencia de la violencia contra las mujeres, en los establecimientos médico-asistenciales, de la seguridad social y las entidades de medicina prepaga, los que deberán incorporarlas en su cobertura en igualdad de condiciones con otras prestaciones; h) Alentar la formación continua del personal médico sanitario con el fin de mejorar el diagnóstico precoz y la atención médica con perspectiva de género; i) Promover, en el marco del Consejo Federal de Salud, el seguimiento y monitoreo de la aplicación de los protocolos. Para ello, los organismos nacionales y provinciales podrán celebrar convenios con instituciones y organizaciones de la sociedad civil. 5.- Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación: 5.1. Secretaría de Justicia: a) Promover políticas para facilitar el acceso de las mujeres a la Justicia mediante la puesta en marcha y el fortalecimiento de centros de información, asesoramiento jurídico y patrocinio jurídico gratuito; b) Promover la aplicación de convenios con Colegios Profesionales, instituciones académicas y organizaciones de la sociedad civil para brindar asistencia jurídica especializada y gratuita; c) Promover la unificación de criterios para la elaboración de los informes judiciales sobre la situación de peligro de las mujeres que padecen violencia; d) Promover la articulación y cooperación entre las distintas instancias judiciales involucradas a fin de mejorar la eficacia de las medidas judiciales; e) Promover la elaboración de un protocolo de recepción de denuncias de violencia contra las mujeres a efectos de evitar la judicialización innecesaria de aquellos casos que requieran de otro tipo de abordaje; f) Propiciar instancias de intercambio y articulación con la Corte Suprema de Justicia de la Nación para incentivar en los distintos niveles del Poder Judicial la capacitación específica referida al tema; g) Alentar la conformación de espacios de formación específica para profesionales del derecho; h) Fomentar las investigaciones sobre las causas, la naturaleza, la gravedad y las consecuencias de la violencia contra las mujeres, así como de la eficacia de las medidas aplicadas para impedirla y reparar sus efectos, difundiendo periódicamente los resultados; i) Garantizar el acceso a los servicios de atención específica para mujeres privadas de libertad. 5.2. Secretaría de Seguridad: a) Fomentar en las fuerzas policiales y de seguridad, el desarrollo de servicios interdisciplinarios que brinden apoyo a las mujeres que padecen violencia para optimizar su atención, derivación a otros servicios y cumplimiento de disposiciones judiciales; b) Elaborar en el ámbito del Consejo de Seguridad Interior, los procedimientos básicos para el diseño de protocolos específicos para las fuerzas policial y de seguridad a fin de brindar las respuestas adecuadas para evitar la revictimización, facilitar la debida atención, asistencia y protección policial a las mujeres que acudan a presentar denuncias en sede policial; c) Promover la articulación de las fuerzas policial y de seguridad que intervengan en la atención de la violencia contra las mujeres con las instituciones gubernamentales y las organizaciones de la sociedad civil; d) Sensibilizar y capacitar a las fuerzas policial y de seguridad en la temática de la violencia contra las mujeres en el marco del respeto de los derechos humanos; e) Incluir en los programas de formación de las fuerzas policial y de seguridad asignaturas y/o contenidos curriculares específicos sobre los derechos humanos de las mujeres y en especial sobre violencia con perspectiva de género. 5.3. Secretaría de Derechos Humanos e Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI): a) Promover la inclusión de la problemática de la violencia contra las mujeres en todos los programas y acciones de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y del INADI, en articulación con el Consejo Federal de Derechos Humanos. 6.- Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación: a) Desarrollar programas de sensibilización, capacitación e incentivos a empresas y sindicatos para eliminar la violencia laboral contra las mujeres y promover la igualdad de derechos, oportunidades y trato en el ámbito laboral, debiendo respetar el principio de no discriminación en: 1. El acceso al puesto de trabajo, en materia de convocatoria y selección; 2. La carrera profesional, en materia de promoción y formación; 3. La permanencia en el puesto de trabajo; 4. El derecho a una igual remuneración por igual tarea o función. b) Promover, a través de programas específicos la prevención del acoso sexual contra las mujeres en el ámbito de empresas y sindicatos; c) Promover políticas tendientes a la formación e inclusión laboral de mujeres que padecen violencia; d) Promover el respeto de los derechos laborales de las mujeres que padecen violencia, en particular cuando deban ausentarse de su puesto de trabajo a fin de dar cumplimiento a prescripciones profesionales, tanto administrativas como las emanadas de las decisiones judiciales. 7.- Ministerio de Defensa de la Nación: a) Adecuar las normativas, códigos y prácticas internas de las Fuerzas Armadas a la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer y la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres; b) Impulsar programas y/o medidas de acción positiva tendientes a erradicar patrones de discriminación en perjuicio de las mujeres en las Fuerzas Armadas para el ingreso, promoción y permanencia en las mismas; c) Sensibilizar a los distintos niveles jerárquicos en la temática de la violencia contra las mujeres en el marco del respeto de los derechos humanos; d) Incluir en los programas de formación asignaturas y/o contenidos específicos sobre los derechos humanos de las mujeres y la violencia con perspectiva de género. 8.- Secretaría de Medios de Comunicación de la Nación: a) Impulsar desde el Sistema Nacional de Medios la difusión de mensajes y campañas permanentes de sensibilización y concientización dirigida a la población en general y en particular a las mujeres sobre el derecho de las mismas a vivir una vida libre de violencias; b) Promover en los medios masivos de comunicación el respeto por los derechos humanos de las mujeres y el tratamiento de la violencia desde la perspectiva de género; c) Brindar capacitación a profesionales de los medios masivos de comunicación en violencia contra las mujeres; d) Alentar la eliminación del sexismo en la información; e) Promover, como un tema de responsabilidad social empresaria, la difusión de campañas publicitarias para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres. CAPITULO IV OBSERVATORIO DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES ARTICULO 12. — Creación. Créase el Observatorio de la Violencia contra las Mujeres en el ámbito del Consejo Nacional de la Mujer, destinado al monitoreo, recolección, producción, registro y sistematización de datos e información sobre la violencia contra las mujeres. ARTICULO 13. — Misión. El Observatorio tendrá por misión el desarrollo de un sistema de información permanente que brinde insumos para el diseño, implementación y gestión de políticas públicas tendientes a la prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres. ARTICULO 14. — Funciones. Serán funciones del Observatorio de la Violencia contra las Mujeres: a) Recolectar, procesar, registrar, analizar, publicar y difundir información periódica y sistemática y comparable diacrónica y sincrónicamente sobre violencia contra las mujeres; b) Impulsar el desarrollo de estudios e investigaciones sobre la evolución, prevalencia, tipos y modalidades de violencia contra las mujeres, sus consecuencias y efectos, identificando aquellos factores sociales, culturales, económicos y políticos que de alguna manera estén asociados o puedan constituir causal de violencia; c) Incorporar los resultados de sus investigaciones y estudios en los informes que el Estado nacional eleve a los organismos regionales e internacionales en materia de violencia contra las mujeres; d) Celebrar convenios de cooperación con organismos públicos o privados, nacionales o internacionales, con la finalidad de articular interdisciplinariamente el desarrollo de estudios e investigaciones; e) Crear una red de información y difundir a la ciudadanía los datos relevados, estudios y actividades del Observatorio, mediante una página web propia o vinculada al portal del Consejo Nacional de la Mujer. Crear y mantener una base documental actualizada permanentemente y abierta a la ciudadanía; f) Examinar las buenas prácticas en materia de prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres y las experiencias innovadoras en la materia y difundirlas a los fines de ser adoptadas por aquellos organismos e instituciones nacionales, provinciales o municipales que lo consideren; g) Articular acciones con organismos gubernamentales con competencia en materia de derechos humanos de las mujeres a los fines de monitorear la implementación de políticas de prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres, para evaluar su impacto y elaborar propuestas de actuaciones o reformas; h) Fomentar y promover la organización y celebración periódica de debates públicos, con participación de centros de investigación, instituciones académicas, organizaciones de la sociedad civil y representantes de organismos públicos y privados, nacionales e internacionales con competencia en la materia, fomentando el intercambio de experiencias e identificando temas y problemas relevantes para la agenda pública; i) Brindar capacitación, asesoramiento y apoyo técnico a organismos públicos y privados para la puesta en marcha de los Registros y los protocolos; j) Articular las acciones del Observatorio de la Violencia contra las Mujeres con otros Observatorios que existan a nivel provincial, nacional e internacional; k) Publicar el informe anual sobre las actividades desarrolladas, el que deberá contener información sobre los estudios e investigaciones realizadas y propuestas de reformas institucionales o normativas. El mismo será difundido a la ciudadanía y elevado a las autoridades con competencia en la materia para que adopten las medidas que corresponda. ARTICULO 15. — Integración. El Observatorio de la Violencia contra las Mujeres estará integrado por: a) Una persona designada por la Presidencia del Consejo Nacional de la Mujer, quien ejercerá la Dirección del Observatorio, debiendo tener acreditada formación en investigación social y derechos humanos; b) Un equipo interdisciplinario idóneo en la materia. TITULO III PROCEDIMIENTOS CAPITULO I DISPOSICIONES GENERALES ARTICULO 16. — Derechos y garantías mínimas de procedimientos judiciales y administrativos. Los organismos del Estado deberán garantizar a las mujeres, en cualquier procedimiento judicial o administrativo, además de todos los derechos reconocidos en la Constitución Nacional, los Tratados Internacionales de Derechos Humanos ratificados por la Nación Argentina, la presente ley y las leyes que en consecuencia se dicten, los siguientes derechos y garantías: a) A la gratuidad de las actuaciones judiciales y del patrocinio jurídico preferentemente especializado; b) A obtener una respuesta oportuna y efectiva; c) A ser oída personalmente por el juez y por la autoridad administrativa competente; d) A que su opinión sea tenida en cuenta al momento de arribar a una decisión que la afecte; e) A recibir protección judicial urgente y preventiva cuando se encuentren amenazados o vulnerados cualquiera de los derechos enunciados en el artículo 3º de la presente ley; f) A la protección de su intimidad, garantizando la confidencialidad de las actuaciones; g) A participar en el procedimiento recibiendo información sobre el estado de la causa; h) A recibir un trato humanizado, evitando la revictimización; i) A la amplitud probatoria para acreditar los hechos denunciados, teniendo en cuenta las circunstancias especiales en las que se desarrollan los actos de violencia y quienes son sus naturales testigos; j) A oponerse a la realización de inspecciones sobre su cuerpo por fuera del estricto marco de la orden judicial. En caso de consentirlas y en los peritajes judiciales tiene derecho a ser acompañada por alguien de su confianza y a que sean realizados por personal profesional especializado y formado con perspectiva de género; k) A contar con mecanismos eficientes para denunciar a los funcionarios por el incumplimiento de los plazos establecidos y demás irregularidades. ARTICULO 17. — Procedimientos Administrativos. Las jurisdicciones locales podrán fijar los procedimientos previos o posteriores a la instancia judicial para el cumplimiento de esta ley, la que será aplicada por los municipios, comunas, comisiones de fomento, juntas, delegaciones de los Consejos Provinciales de la Mujer o áreas descentralizadas, juzgados de paz u organismos que estimen convenientes. ARTICULO 18. — Denuncia. Las personas que se desempeñen en servicios asistenciales, sociales, educativos y de salud, en el ámbito público o privado, que con motivo o en ocasión de sus tareas tomaren conocimiento de un hecho de violencia contra las mujeres en los términos de la presente ley, estarán obligados a formular las denuncias, según corresponda, aun en aquellos casos en que el hecho no configure delito. CAPITULO II PROCEDIMIENTO ARTICULO 19. — Ambito de aplicación. Las jurisdicciones locales, en el ámbito de sus competencias, dictarán sus normas de procedimiento o adherirán al régimen procesal previsto en la presente ley. ARTICULO 20. — Características del procedimiento. El procedimiento será gratuito y sumarísimo. ARTICULO 21. — Presentación de la denuncia. La presentación de la denuncia por violencia contra las mujeres podrá efectuarse ante cualquier juez/jueza de cualquier fuero e instancia o ante el Ministerio Público, en forma oral o escrita. Se guardará reserva de identidad de la persona denunciante. ARTICULO 22. — Competencia. Entenderá en la causa el/la juez/a que resulte competente en razón de la materia según los tipos y modalidades de violencia de que se trate. Aún en caso de incompetencia, el/la juez/a interviniente podrá disponer las medidas preventivas que estime pertinente. ARTICULO 23. — Exposición policial. En el supuesto que al concurrir a un servicio policial sólo se labrase exposición y de ella surgiere la posible existencia de violencia contra la mujer, corresponderá remitirla a la autoridad judicial competente dentro de las VEINTICUATRO (24) horas. ARTICULO 24. — Personas que pueden efectuar la denuncia. Las denuncias podrán ser efectuadas: a) Por la mujer que se considere afectada o su representante legal sin restricción alguna; b) La niña o la adolescente directamente o través de sus representantes legales de acuerdo lo establecido en la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes; c) Cualquier persona cuando la afectada tenga discapacidad, o que por su condición física o psíquica no pudiese formularla; d) En los casos de violencia sexual, la mujer que la haya padecido es la única legitimada para hacer la denuncia. Cuando la misma fuere efectuada por un tercero, se citará a la mujer para que la ratifique o rectifique en VEINTICUATRO (24) horas. La autoridad judicial competente tomará los recaudos necesarios para evitar que la causa tome estado público. e) La denuncia penal será obligatoria para toda persona que se desempeñe laboralmente en servicios asistenciales, sociales, educativos y de salud, en el ámbito público o privado, que con motivo o en ocasión de sus tareas tomaren conocimiento de que una mujer padece violencia siempre que los hechos pudieran constituir un delito. ARTICULO 25. — Asistencia protectora. En toda instancia del proceso se admitirá la presencia de un/a acompañante como ayuda protectora ad honórem, siempre que la mujer que padece violencia lo solicite y con el único objeto de preservar la salud física y psicológica de la misma. ARTICULO 26. — Medidas preventivas urgentes. a) Durante cualquier etapa del proceso el/la juez/a interviniente podrá, de oficio o a petición de parte, ordenar una o más de las siguientes medidas preventivas de acuerdo a los tipos y modalidades de violencia contra las mujeres definidas en los artículos 5º y 6º de la presente ley: a. 1. Ordenar la prohibición de acercamiento del presunto agresor al lugar de residencia, trabajo, estudio, esparcimiento o a los lugares de habitual concurrencia de la mujer que padece violencia; a.2. Ordenar al presunto agresor que cese en los actos de perturbación o intimidación que, directa o indirectamente, realice hacia la mujer; a.3. Ordenar la restitución inmediata de los efectos personales a la parte peticionante, si ésta se ha visto privada de los mismos; a.4. Prohibir al presunto agresor la compra y tenencia de armas, y ordenar el secuestro de las que estuvieren en su posesión; a.5. Proveer las medidas conducentes a brindar a quien padece o ejerce violencia, cuando así lo requieran, asistencia médica o psicológica, a través de los organismos públicos y organizaciones de la sociedad civil con formación especializada en la prevención y atención de la violencia contra las mujeres; a.6. Ordenar medidas de seguridad en el domicilio de la mujer; a.7. Ordenar toda otra medida necesaria para garantizar la seguridad de la mujer que padece violencia, hacer cesar la situación de violencia y evitar la repetición de todo acto de perturbación o intimidación, agresión y maltrato del agresor hacia la mujer. b) Sin perjuicio de las medidas establecidas en el inciso a) del presente artículo, en los casos de la modalidad de violencia doméstica contra las mujeres, el/la juez/a podrá ordenar las siguientes medidas preventivas urgentes: b.1. Prohibir al presunto agresor enajenar, disponer, destruir, ocultar o trasladar bienes gananciales de la sociedad conyugal o los comunes de la pareja conviviente; b.2. Ordenar la exclusión de la parte agresora de la residencia común, independientemente de la titularidad de la misma; b.3. Decidir el reintegro al domicilio de la mujer si ésta se había retirado, previa exclusión de la vivienda del presunto agresor; b.4. Ordenar a la fuerza pública, el acompañamiento de la mujer que padece violencia, a su domicilio para retirar sus efectos personales; b.5. En caso de que se trate de una pareja con hijos/as, se fijará una cuota alimentaria provisoria, si correspondiese, de acuerdo con los antecedentes obrantes en la causa y según las normas que rigen en la materia; b.6. En caso que la víctima fuere menor de edad, el/la juez/a, mediante resolución fundada y teniendo en cuenta la opinión y el derecho a ser oída de la niña o de la adolescente, puede otorgar la guarda a un miembro de su grupo familiar, por consanguinidad o afinidad, o con otros miembros de la familia ampliada o de la comunidad. b.7. Ordenar la suspensión provisoria del régimen de visitas; b.8. Ordenar al presunto agresor abstenerse de interferir, de cualquier forma, en el ejercicio de la guarda, crianza y educación de los/as hijos/ as; b.9. Disponer el inventario de los bienes gananciales de la sociedad conyugal y de los bienes propios de quien ejerce y padece violencia. En los casos de las parejas convivientes se dispondrá el inventario de los bienes de cada uno; b.10. Otorgar el uso exclusivo a la mujer que padece violencia, por el período que estime conveniente, del mobiliario de la casa. ARTICULO 27. — Facultades del/la juez/a. El/ la juez/a podrá dictar más de una medida a la vez, determinando la duración de las mismas de acuerdo a las circunstancias del caso, y debiendo establecer un plazo máximo de duración de las mismas, por auto fundado. ARTICULO 28. — Audiencia. El/la juez/a interviniente fijará una audiencia, la que deberá tomar personalmente bajo pena de nulidad, dentro de CUARENTA Y OCHO (48) horas de ordenadas las medidas del artículo 26, o si no se adoptara ninguna de ellas, desde el momento que tomó conocimiento de la denuncia. El presunto agresor estará obligado a comparecer bajo apercibimiento de ser llevado ante el juzgado con auxilio de la fuerza pública. En dicha audiencia, escuchará a las partes por separado bajo pena de nulidad, y ordenará las medidas que estime pertinentes. Si la víctima de violencia fuere niña o adolescente deberá contemplarse lo estipulado por la Ley 26.061 sobre Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes. Quedan prohibidas las audiencias de mediación o conciliación. ARTICULO 29. — Informes. Siempre que fuere posible el/la juez/a interviniente podrá requerir un informe efectuado por un equipo interdisciplinario para determinar los daños físicos, psicológicos, económicos o de otro tipo sufridos por la mujer y la situación de peligro en la que se encuentre. Dicho informe será remitido en un plazo de CUARENTA Y OCHO (48) horas, a efectos de que pueda aplicar otras medidas, interrumpir o hacer cesar alguna de las mencionadas en el artículo 26. El/la juez/a interviniente también podrá considerar los informes que se elaboren por los equipos interdisciplinarios de la administración pública sobre los daños físicos, psicológicos, económicos o de otro tipo sufridos por la mujer y la situación de peligro, evitando producir nuevos informes que la revictimicen. También podrá considerar informes de profesionales de organizaciones de la sociedad civil idóneas en el tratamiento de la violencia contra las mujeres. ARTICULO 30. — Prueba, principios y medidas. El/la juez/a tendrá amplias facultades para ordenar e impulsar el proceso, pudiendo disponer las medidas que fueren necesarias para indagar los sucesos, ubicar el paradero del presunto agresor, y proteger a quienes corran el riesgo de padecer nuevos actos de violencia, rigiendo el principio de obtención de la verdad material. ARTICULO 31. — Resoluciones. Regirá el principio de amplia libertad probatoria para acreditar los hechos denunciados, evaluándose las pruebas ofrecidas de acuerdo con el principio de la sana crítica. Se considerarán las presunciones que contribuyan a la demostración de los hechos, siempre que sean indicios graves, precisos y concordantes. ARTICULO 32. — Sanciones. Ante el incumplimiento de las medidas ordenadas, el/la juez/a podrá evaluar la conveniencia de modificar las mismas, pudiendo ampliarlas u ordenar otras. Frente a un nuevo incumplimiento y sin perjuicio de las responsabilidades civiles o penales que correspondan, el/la Juez/a deberá aplicar alguna/s de las siguientes sanciones: a) Advertencia o llamado de atención por el acto cometido; b) Comunicación de los hechos de violencia al organismo, institución, sindicato, asociación profesional o lugar de trabajo del agresor; c) Asistencia obligatoria del agresor a programas reflexivos, educativos o terapéuticos tendientes a la modificación de conductas violentas. Asimismo, cuando el incumplimiento configure desobediencia u otro delito, el juez deberá poner el hecho en conocimiento del/la juez/a con competencia en materia penal. ARTICULO 33. — Apelación. Las resoluciones que concedan, rechacen, interrumpan, modifiquen o dispongan el cese de alguna de las medidas preventivas urgentes o impongan sanciones, serán apelables dentro del plazo de TRES (3) días hábiles. La apelación contra resoluciones que concedan medidas preventivas urgentes se concederá en relación y con efecto devolutivo. La apelación contra resoluciones que dispongan la interrupción o el cese de tales medidas se concederá en relación y con efecto suspensivo. ARTICULO 34. — Seguimiento. Durante el trámite de la causa, por el tiempo que se juzgue adecuado, el/la juez/a deberá controlar la eficacia de las medidas y decisiones adoptadas, ya sea a través de la comparecencia de las partes al tribunal, con la frecuencia que se ordene, y/o mediante la intervención del equipo interdisciplinario, quienes elaborarán informes periódicos acerca de la situación. ARTICULO 35. — Reparación. La parte damnificada podrá reclamar la reparación civil por los daños y perjuicios, según las normas comunes que rigen la materia. ARTICULO 36. — Obligaciones de los/as funcionarios/ as. Los/as funcionarios/as policiales, judiciales, agentes sanitarios, y cualquier otro/a funcionario/a público/a a quien acudan las mujeres afectadas, tienen la obligación de informar sobre: a) Los derechos que la legislación le confiere a la mujer que padece violencia, y sobre los servicios gubernamentales disponibles para su atención; b) Cómo y dónde conducirse para ser asistida en el proceso; c) Cómo preservar las evidencias. ARTICULO 37. — Registros. La Corte Suprema de Justicia de la Nación llevará registros sociodemográficos de las denuncias efectuadas sobre hechos de violencia previstos en esta ley, especificando, como mínimo, edad, estado civil, profesión u ocupación de la mujer que padece violencia, así como del agresor; vínculo con el agresor, naturaleza de los hechos, medidas adoptadas y sus resultados, así como las sanciones impuestas al agresor. Los juzgados que intervienen en los casos de violencia previstos en esta ley deberán remitir anualmente la información pertinente para dicho registro. El acceso a los registros requiere motivos fundados y previa autorización judicial, garantizando la confidencialidad de la identidad de las partes. La Corte Suprema de Justicia de la Nación elaborará estadísticas de acceso público que permitan conocer, como mínimo, las características de quienes ejercen o padecen violencia y sus modalidades, vínculo entre las partes, tipo de medidas adoptadas y sus resultados, y tipo y cantidad de sanciones aplicadas. ARTICULO 38. — Colaboración de organizaciones públicas o privadas. El/la juez/a podrán solicitar o aceptar en carácter de amicus curiae la colaboración de organizaciones o entidades públicas o privadas dedicadas a la protección de los derechos de las mujeres. ARTICULO 39. — Exención de cargas. Las actuaciones fundadas en la presente ley estarán exentas del pago de sellado, tasas, depósitos y cualquier otro impuesto, sin perjuicio de lo establecido en el artículo 68 del Código Procesal, Civil y Comercial de la Nación en materia de costas. ARTICULO 40. — Normas supletorias. Serán de aplicación supletoria los regímenes procesales que correspondan, según los tipos y modalidades de violencia denunciados. TITULO IV DISPOSICIONES FINALES ARTICULO 41. — En ningún caso las conductas, actos u omisiones previstas en la presente ley importarán la creación de nuevos tipos penales, ni la modificación o derogación de los vigentes. ARTICULO 42. — La Ley 24.417 de Protección contra la Violencia Familiar, será de aplicación en aquellos casos de violencia doméstica no previstos en la presente ley. ARTICULO 43. — Las partidas que resulten necesarias para el cumplimiento de la presente ley serán previstas anualmente en la Ley de Presupuesto General de la Administración Nacional. ARTICULO 44. — La ley entrará en vigencia a partir de su publicación en el Boletín Oficial de la Nación. ARTICULO 45. — Comuníquese al Poder Ejecutivo nacional. DADA EN LA SALA DE SESIONES DEL CONGRESO ARGENTINO, EN BUENOS AIRES, A LOS ONCE DIAS DEL MES DE MARZO DEL AÑO DOS MIL NUEVE. — REGISTRADO BAJO EL Nº 26.485 — JULIO C. C. COBOS. — EDUARDO A. FELLNER.— Enrique Hidalgo. — Juan H. Estrada.
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